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Reportaje:DE CALLE

'Batir huevos era agotador'

Del desayuno al aperitivo. Una ruta por Sant Pere, la zona donde vive el director de 'Pa negre' y donde trabajó en un obrador

Al director de cine Agustí Villaronga le gusta pasear por este céntrico barrio de Barcelona, hacerse con algún disco de vinilo y comprar en el mercado de Santa Catalina. "Lo han dejado muy bonito".

Trabajé aquí una temporada, cuando esto del cine parecía que no iba a ningún sitio". Agustí Villaronga habla de La Tarta, este pequeño local en el barrio del Born que empezó como un obrador que servía postres a otros establecimientos barceloneses. Luego abrió un mostrador al público. Hoy se pueden comprar sus deliciosos coulants de chocolate para llevar o comer sándwiches en el pequeño mostrador en el que se apoya el director de Pa negre. "Lo más duro de trabajar aquí era lo de batir huevos. Podían ser 300 o 400. Era agotador. La verdad es que no estaba yo hecho para este trabajo. Creo que he sido uno de los peores empleados". El propietario sonríe y le quita importancia a la poca habilidad del director en el mundo de la pastelería.

>La Tarta. Portal Nou, 33.

01 Copas de ayer y hoy

Después de desayunar, Villaronga habla de cómo era y cómo es el barrio. "Viajo mucho, por eso tal vez me ha costado bastante tener un piso en Barcelona en el que de verdad me sintiera a gusto. Siempre parecían espacios temporales, de paso. Lo bueno de esta zona es que está llena de amigos del gremio. Me gusta pasear por la zona, es tranquila. Antes, comprar en un supermercado era una odisea. Casi no había servicios. Ven, te voy a enseñar un sitio que me gusta". Cruzamos la calle y nos dirigimos a la Associació Cultural Portal Nou, un espacio de encuentro y creación que, desafortunadamente, está cerrado. Normalmente, aquí hay cursos, coloquios, proyecciones, mercadillos solidarios o de intercambio... "Recuerdo una noche en la que salimos de trabajar hechos polvo. En la acera apareció una chica y nos invitó a entrar. Había una fiesta muy divertida en el local", comenta el director, quien afirma que su época de discotecas -"de volver a casa a la hora en la que hemos quedado hoy"- ya pasó. Pero aún le apetece tomar algún cóctel, por ejemplo, en el Milano.

>Associació Cultural Portal Nou. Portal Nou, 30.

>Milano. Ronda Universidad, 35

02 La lámpara Cesta

Media mañana de un día cualquiera entre semana en el Born. La actividad de las calles es escasa. El director, de origen mallorquín, sugiere acercarse hacia la cercana plaza de Sant Agustí Vell. "Me gusta comprar en el mercado de Santa Catalina o nadar en la piscina que hay en la Estació del Nord. Me encanta ir a mirar discos de vinilo y libros. En temas de ropa soy muy descuidado. Los trajes solo me los compro si tengo alguna gala", comenta. Cruzamos la plaza camino de discos Juandó, una tienda de vinilos de segunda mano en la que se pueden adquirir desde viejos 7" de Northern Soul hasta clásicos de los setenta, pasando por punk, nueva ola o bandas sonoras. "Mejor no entramos", comenta el director. "No llevo dinero y me voy a fastidiar si no puedo comprar nada. Mejor vamos a esta tienda, que parece más inofensiva". Nos introducimos en Doméstico, un espacio dedicado al interiorismo. El porcentaje de cosas apetecibles nos parece altísimo. El director confiesa: "Sí, es bonito, pero es que la mayoría de muebles que tengo los saqué de la calle". La chica de detrás del MacBook Pro nos informa sobre la historia de una lámpara icónica, la lámpara Cesta de Miguel Milá, que ha aparecido en películas de Almodóvar y que tiene en su casa Oriol Bohigas. Al salir decidimos ir a tomar un vermut.

>Discos Jaundó. Giralt el Pellisser, 2.

>Domestic Shop (www.domesticshop.com). Plaza de Sant Agustí Vell, 16.

03 Hora del vermut

Cruzamos la plaza y nos acercamos hasta el bar Mundial, un clásico. "Me gusta hacer el vermut, pero soy más de venir a cenar. También me gusta mucho comer en Kaiku, en la Barceloneta. Hacen unos arroces espectaculares". El mallorquín pide un par de platos y, apoyado en la barra, piensa en ciudades. "Barcelona me encanta. También Madrid. Y claro, París, donde he vivido. Y Nueva York. Pero en los últimos años siento que todas estas ciudades cada vez se parecen más. Recuerdo cuando una cena en París parecía algo exótico. Hoy no difiere mucho de una cena en Barcelona. Por eso, últimamente, mis viajes son a lugares como Sudán o Ghana". Apura el último boquerón mientras trata de explicar el inusitado éxito de Pa negre. La espectacular acogida de la película le ha pillado por sorpresa. "Soy consciente de que es una de mis propuestas menos raras, por decirlo de alguna manera. Pero sigue siendo una película dura".

>Bar Mundial. Plaza de Sant Agustí Vell, 3.

04 Una relación imposible

Acompañamos al director hacia su casa. Cruzamos la plaza de Sant Pere, donde la gente ya come en la terraza del Candela, y enfilamos Sant Pere Més Alt, donde se encuentra el pasaje comercial, una calle que no es más que un pasillo cubierto y poblado por negocios no aptos para el siglo XXI. "Vamos a tomar el café a un sitio que me encanta. Cada vez que paso por ahí pienso en que debo meterlo en alguna película, pero jamás lo hago. O se me olvida o el guión no me da pie a incluirlo". Nos adentramos en el pasaje para descubrir que el bar El Pasaje está cerrado. Nos quedamos observando el espacio, que es como una pecera, y las tres mesas dispuestas en fila, pegadas a la pared. "¿Ves? Lo que decía. Este lugar y yo estamos reñidos. No hay manera. Ni película ni café". Y desaparece Villaronga rumbo a la calle de Trafalgar, debatiéndose entre ponerse a trabajar o echarse una cabezadita.

>Bar El Pasaje. Pasaje de la Indústria, s/n.

Composición mestiza

A principios de la pasada década, una revista local bautizó a esta zona como el Bo-No (Born Norte). La zona sur, alrededor del passeig del Born, ya había sido colonizada por la modernidad y llegaba el turno de la parte más cercana al mercado de Santa Catalina. Hoy tiene aún más aire de barrio mestizo que de banco de pruebas de las tendencias. Al norte de la calle de la Princesa, peluquerías caribeñas y locutorios conviven con restaurantes de diseño, tiendas de productos ecológicos y hamburgueserías de moda. Y en Forat de la Vergonya hay un huerto y se celebran torneos de fútbol contra el neoliberalismo a pocos metros de restaurantes japoneses de diseño industrial neoyorquino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de febrero de 2011

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