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Crítica:

Viagra contra el párkinson

He aquí la película más extraña de la temporada. Una historia que mezcla la adicción al sexo con el romanticismo; las enfermedades degenerativas en personas jóvenes con los desmanes de ciertas compañías farmacéuticas; la corrupción de los médicos en el recetado de productos con el miedo a compartir la existencia con una persona querida pero enferma; la tragedia con la comedia; la charlatanería de los vendedores de medicinas con la brillantez mental y artística; el individualismo con la familia; el prozac con la viagra; la caricia con la fornicación; la masturbación con la familia. Amor y otras drogas, basada en una novela de Jamie Reidy, es capaz de hacer un chiste sobre "las ventajas del enfermo de párkinson para hacer pajas" (y con este lenguaje). Todo ello teniendo en cuenta que hablamos de una producción de Hollywood, dirigida por el realizador más inimaginable para este tipo de producto, Edward Zwick. En fin, una película, cuanto menos, atrevida.

AMOR Y OTRAS DROGAS

Dirección: Edward Zwick.

Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Anne Hathaway, Oliver Platt, Josh Gad, Judy Greer, George Segal.

Género: comedia. EE UU, 2010.

Duración: 112 minutos.

Salir vivo de semejante envite no es fácil, pero Zwick compone una extravagante función que desconcierta al tiempo que reparte estopa. Desde luego, los cambios de tono son constantes y no siempre acompaña una banda sonora de mucho gusto aunque demasiado aplicada a las excesivas transiciones, pero la valentía para despachar lo que podría denominarse una romántica tragicomedia negra acaba atrapando a los espectadores más valientes. ¿Una gran película? No. ¿Una película insólita? Desde luego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de enero de 2011