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El precio de los alimentos supera ya el nivel de la burbuja de 2008

Las malas cosechas y la demanda de China e India disparan el coste del azúcar y otros productos - "Entramos en un territorio peligroso", previene la FAO

La carestía del pan sembró en Mozambique el malestar que desembocó en unos disturbios donde murieron una docena de personas el pasado septiembre. La imagen de una muchedumbre enfurecida por la subida del precio de los alimentos recordaba a aquellas que se sucedieron en países tan distantes como Egipto, Camerún, Bangladesh o Haití en 2008. Tras una etapa de relativa calma, los precios de la comida vuelven a sacudir los mercados de medio mundo. La Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) acaba de avisar de que los alimentos de primera necesidad han alcanzado precios récord, incluso por encima de los de junio de 2008, el momento álgido de la crisis alimentaria que se dejó sentir en una treintena de países.

"Los precios altos van a permanecer durante mucho tiempo", dice la FAO

El arroz, básico para evitar las hambrunas, no plantea problemas

Mientras que el índice elaborado por la FAO -que incluye la media ponderada de los precios de exportación de carne, productos lácteos, cereales, aceites, grasas y azúcar- llegó en junio de 2008 a 213 puntos, en diciembre del año pasado rozó los 215. El salto en productos como azúcar, aceites y grasas ha sido espectacular: se han más que duplicado en los dos últimos años.

El economista jefe de la FAO, Abdolreza Abbassian, tiene muy claro cuál es el principal motivo de este repunte: las malas cosechas que sufrieron grandes países productores en la segunda mitad del año pasado: Rusia sufrió la peor sequía en medio siglo, así como Ucrania y Kazajistán; inundaciones en Australia, Canadá y Estados Unidos; ola de frío en el norte de Europa... Además, también influye la creciente demanda de los países en vías de desarrollo, muy especialmente China e India y el refugio de los fondos de inversión que se retiraron del mercado de materias primas en los años más duros de la crisis mundial y que ahora estarían volviendo con la esperanza de obtener más rendimiento. "Estos factores pueden haber contribuido, pero ninguno era tan inesperado como las malas cosechas. Este es el principal motivo", asegura Abbassian en conversación con este periódico. "El problema es que parece que los precios se van a mantener altos durante una buena temporada. Este repunte va a durar más que el de 2008. Y todavía hay margen para que sigan creciendo. Estamos entrando en un territorio peligroso", añade el economista de esta organización de la ONU.

La diferencia -a mejor- respecto a 2008 es que los países pobres tuvieron el año pasado mejores cosechas que entonces y por lo tanto no dependen tanto de las importaciones para esquivar una nueva crisis alimentaria. Además, el arroz, uno de los alimentos básicos para evitar las hambrunas, no parece ahora un problema, ya que hay reservas suficientes. Hace casi tres años se produjo lo que se denominó la tormenta perfecta, porque coincidieron una serie de factores negativos: sequías, inundaciones, ataques especulativos, auge de los biocombustibles, aumento de la demanda en China e India, debilidad del dólar y encarecimiento del petróleo.

El precio del crudo lleva dos años subiendo hasta los 95 dólares actuales, pero aún está lejos de los 146 que alcanzó a mediados de 2008. "Se está dibujando un panorama idéntico al de entonces", dispara el broker internacional del mercado de cereales José Murillo, algo más pesimista que el economista jefe de la FAO. "La subida del trigo a lo largo de 2010 ha sido en torno al 80%. Y aún queda algo de recorrido al alza", añade.

Obviando el efecto que la carestía de los alimentos tendrá en los bolsillos de los consumidores y en las empresas que utilizan los alimentos como materias primas, la pregunta es si este proceso inflacionario amenaza con retrasar la débil recuperación de la crisis de los países desarrollados.

"No creo que el efecto global vaya a ser muy grande, porque las pérdidas de los países consumidores se compensarán con los beneficios de los productores. A no ser que se produjera una reacción inflacionaria que obligara a endurecer la política monetaria. Entonces sí que lastraría el crecimiento de la economía mundial. Por ahora no es un gran peligro, pero enrarece el clima", responde el director del servicio de estudios de las cajas de ahorros, Ángel Laborda.

Quizás no tenga un efecto directo en el crecimiento mundial, pero parece evidente que la ola inflacionaria de los alimentos perjudicará a la zona euro, importadora neta de materias primas, y también a España, cuyo último dato de inflación, cercano al 3%, ya ha despertado preocupación entre los analistas. Ya se observó en el IPC de diciembre una cierta aceleración del precio de los alimentos, sobre todo de los elaborados. Y las noticias de la FAO añaden más leña al fuego en el que arden los procesos inflacionarios. "La traslación del alza de los alimentos se va a dar. Y más en un país con pocas materias primas. Lo podrán pagar los consumidores a través de mayores precios, los empresarios a través de menores beneficios o ambos, pero al final la subida de precios supone una transferencia de rentas desde los países consumidores hacia los productores", concluye Laborda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de enero de 2011