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Depender de todo e influir en todo

En economía para diagnosticar certeramente lo que ocurre y predecir sensatamente lo que puede ocurrir es preciso tener en mente múltiples interrelaciones. Este estado de "depender de todo e influir en todo" se ilustra observando lo acontecido estas últimas semanas donde se han combinado hechos económicos diversos. Desde un retorno de las presiones de los mercados sobre la deuda soberana hasta el incremento en el precio del petróleo pasando por la cumbre de Cancún sobre Cambio Climático y todo ello aderezado con peticiones, más o menos generalizadas, al Banco Central Europeo (BCE) en torno a un cambio en su política monetaria. La última Cumbre Europea da pistas en este sentido.

El precio del crudo es demasiado alto para impulsar el crecimiento necesario

Las interrelaciones entre estos fenómenos son claras. Así, las tensiones en los mercados de deuda, con movimientos muy impulsivos, convierten en difícil la decisión de aguantar la presión aún sabiendo que vigilar a los mercados día a día dificulta el poder ver con claridad qué es lo que debe y no debe hacerse. En esto descansa una explicación de porqué surgió la esperanza de que la autoridad monetaria fuera a ser sensible a la difícil papeleta de conseguir diseñar políticas públicas y fiscales contractivas sin impedir el retorno a sendas de crecimiento sostenibles. Y la esperanza surgió aún sabiendo que las responsabilidades básicas del BCE son el control de la inflación y el garantizar un apoyo a las políticas generales de la UE.

Nunca es fácil, y menos ahora, que el BCE olvide su objetivo de control de la inflación. En las últimas semanas, el precio del crudo ha presentado una tendencia alcista y la organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) acordó el pasado día 11 mantener la producción de crudo en los niveles actuales. Esta no es una buena noticia para los países dependientes de esta fuente de energía como tampoco lo es de cara a las futuras actuaciones que podemos esperar del BCE si la tendencia se consolida.

Lo normal es prever que la autoridad monetaria europea, si otea en el horizonte la amenaza de presiones inflacionistas, sea más resistente a llevar a cabo una Política Monetaria cuantitativamente más expansiva. Pero la historia de las interrelaciones no acaba aquí. La historia tiene otra derivada que se concreta en las implicaciones para el desarrollo de políticas energéticas acertadas.

En la cumbre de Cancún sobre Cambio Climático se ha alcanzado un acuerdo entre 193 países, la totalidad de los participantes excepto Bolivia, que parece constituir un tímido paso adelante que va a exigir, entre otras cosas, un cambio de paradigma energético. Un cambio que propicie mayor eficiencia energética, y la sustitución del uso de combustibles fósiles por energía procedente de fuentes renovables.

Para luchar contra el cambio climático sería conveniente que la energía procedente de fuentes renovables resultara competitiva en relación con la procedente del crudo. Sin embargo, a día de hoy, el precio del crudo es demasiado alto para impulsar el crecimiento necesario pero demasiado bajo para que las renovables puedan competir o incluso constituir una fuente de energía sustitutiva. Y esto no es todo porque las políticas que podrían dirigirnos en esta dirección tienen también otro tipo de efectos inducidos sobre el Cambio Climático. La denominada Paradoja Verde (Green Paradox) nos invita a pensar en lo que puede ocurrir si se subvenciona a las energías renovables en línea con lo que demanda una acción en favor de la estabilidad del clima.

Con las energías renovables subvencionadas es posible que los países productores de petróleo predigan que en un futuro más o menos cercano se producirá una disminución en la demanda de crudo lo que podría generar una disminución del su precio. La predicción incentivará a que la gestión de las explotaciones petrolíferas sea más intensiva en el presente lo que aumentará las emisiones de CO2 y acelerará el cambio en el clima de la tierra. Justo lo contrario de lo que la política de subvenciones perseguía.

Nada de esto tiene porqué ocurrir. Constituye, eso sí, un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se interrelacionan variables tan dispares como las que aquí se han considerado. Las interrelaciones se complican cuando aumentan las variables en juego y los agentes en acción.

Alcanzar un círculo virtuoso en el que las políticas y las variables se muevan en la dirección deseada, consiguiendo un crecimiento en el empleo y en la producción, sin tensiones inflacionistas, con estabilidad en el sistema financiero y respetando el medio ambiente está resultando tremendamente difícil. Y no es de extrañar. Tampoco esta crisis tiene parangón con las dos últimas que le han precedido. El puzzle al que estamos expuestos es un combinado de burbujas, tensiones, crisis del sector financiero, desempleo, insostenibilidad de las finanzas públicas y privadas, desconfianza, desplome del sector inmobiliario y ahora aumentos en el precio del crudo que obliga a mantener por parte de todos, y sobre todo por parte de las autoridades públicas, una actitud no sólo decidida, inteligente y acertada sino también muy sabia. ¿Cómo sino planificar teniendo en cuenta lo que los mercados indican pero sin obedecerles siempre y en todo momento?

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de diciembre de 2010.