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Entrevista:ÓLIVER LAXE | Director galardonado con el premio Cineuropa 2010

"Hago cine para corregir los errores de otros cineastas"

El Festival Cineuropa recibe a Óliver Laxe (París, 1982), seis meses después de conseguir el premio de la crítica en la Quincena de Realizadores de Cannes por su primera obra, Todos vós sodes capitáns, reflexión sobre la imagen y el cine a partir de la observación de un grupo de chavales en una escuela de Tánger. Laxe rechaza las etiquetas y asegura que quien "necesita hacer una película, la hace", tenga o no ayudas públicas.

Pregunta. En la segunda mitad de la película, su personaje desaparece.

Respuesta. Cambia el transmisor y la película cambia. Fue premeditado; quería hacer una película con unidad en su falta de unidad. Defiendo la irregularidad y la fragilidad en una obra de arte como algo indispensable. Las cosas cerradas no respiran y para mí era muy claro y parte de mi responsabilidad realizar un desafío epistemológico con este trabajo. La pregunta que me debo hacer es qué es una imagen, qué es el cine. Creo que el atrevimiento que tengo en ese sentido es precisamente uno de los puntos que más se valora a la hora de hacer una película poliédrica, caleidoscópica.

"Quiero demostrar que se puede hacer cine de autor semiindustrial"

"Es bueno unificar estamentos; hay demasiado ruido en el cine gallego"

P. ¿Es usted un crítico rabioso del realismo del cine español?

R. Pienso que hay espacio para todos los tipos de cine. A veces me da la impresión de que hago cine para corregir los errores de otros cineastas. Más que errores, las problemáticas que crean. Crean un mundo simbólico que se acaba imponiendo sobre el real. Yo me enfrenté a unos casos muy desestructurados de emigración clandestina, ramas absolutamente inhumanas. Y pude hacer un trabajo sobre ese drama. ¿Por qué no lo hice? Esa es la pregunta que se tiene que hacer el espectador. ¿Por qué no cogí el camino fácil? Pienso que porque cuando estilizamos el drama, este se pierde por el camino.

P. El reconocimiento en el extranjero fue el que le dio mayor proyección interior. ¿Le parece contradictorio?

R. Me parece normal. No van a apoyar a alguien que no demuestra que necesita hacer sus películas. En ese sentido pienso que la vida es muy justa. Yo intento trascender al lamento. Siempre le digo a mis compañeros, sin absolutamente ningún paternalismo, que si necesitan hacer las películas, que las hagan y no se engañen a sí mismos. Si no las hacen es porque no precisan hacerlas.

P. ¿Me puede hablar de su próximo proyecto?

R. Al margen de lo temático, tengo claros la sintaxis, el tiempo y el lenguaje. La película ya me habita. Y quiero demostrar que se puede hacer cine de autor en un marco semiindustrial.

P. ¿Qué le parece la nueva estructura del audiovisual gallego?

R. Me parece bien que se unifiquen estamentos, porque hay demasiado ruido en el cine gallego. Yo ya hablo con mi obra, pero estoy a la expectativa. El modelo productivo actual no tiene ninguna lógica. Llevamos muchos años intentándolo sin ningún resultado. Hay que mutar, hay que tener plasticidad, porque los tiempos lo solicitan. También es importante no transmitir esta imagen de vanguardia, de cine periférico. Es cine y punto. Quien tiene que buscar apelativos son los otros. Yo respondo a las preguntas del cine.

P. Al disponer ahora de más medios, ¿no teme que se contamine su visión?

R. Sí, precisamente por eso tengo los pies en la tierra. No me quiero lanzar con cualquier productor que me está vendiendo el paraíso. Productores franceses ya me sugieren hacer la película en francés para poder tener las ayudas allí. A ver qué ayudas tengo [en Galicia], porque yo ya no estoy aquí. Eso es por algo. Si quieren que vuelva tengo que ver que vale la pena. Mi energía, esto es muy importante, la puedo invertir aquí también. No es solamente hacer pelis, es hablar con gente, ir a la universidad, dar talleres. Pelear. Crear al espectador, porque es nuestra responsabilidad. Ya sé que la vida es injusta. Si aquí lo va a ser, pues me voy a otro sitio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 2010