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Reportaje:vida&artes

Política y fútbol no juegan a la vez

El retraso del Barça-Madrid al lunes para eludir las elecciones catalanas ilustra la interdependencia entre poder y deporte - Los clubes se arriman a las instituciones a cambio de privilegios - La Liga se resiste a enfocarse hacia una audiencia mundial

En ese duelo de titanes que suponía la coincidencia en el tiempo de las elecciones catalanas y el Barça-Madrid, las primeras desplazaron al clásico al próximo lunes, día antifutbolístico por excelencia para muchos aficionados. "En el fútbol español, hay un tutelaje político por encima de lo deseado en una sociedad madura", critica el sociólogo Ramón Llopis. "Es lo que pasa en el país en otras dimensiones: la primacía de lo político, dificultando que la vida social y económica ocupen su espacio global", añade Llopis, autor del libro Fútbol postnacional.

El movimiento del partido de su día natural, el domingo, a pesar de que 16 elecciones celebradas desde la transición han coincidido con esa jornada sin problemas, ilustra la estrecha relación entre deporte y poder, el uso del fútbol por los partidos e instituciones y, en el otro lado, el acercamiento de los clubes al poder político en busca de beneficios económicos, fiscales o urbanísticos. Y el caso refleja cierta miopía en el planteamiento: lo que podía ser un evento planetario el fin de semana queda arrinconado al lunes, con lo que da la espalda a la audiencia global.

"Los políticos mandan en los clubes", afirma Ferran Torrent

Villatoro: "El opio del pueblo es un anacronismo. Ahora el fútbol es libertad"

"Los clubes con graves problemas económicos", reflexiona Llopis, "saben que los solucionarían abriéndose al mundo, pero no están preparados. En Inglaterra sí han cambiado los horarios por conveniencia. Sea por no querer compartir el protagonismo o por no querer contagiar la atmósfera, es un error que el día de las elecciones solo pase eso. Que dejen al fútbol que vaya por donde deba ir y que sea más responsable de lo que hace. Ha vencido la manera paternalista de entender lo político y su relación con la sociedad. Falta independencia de la sociedad civil en España", protesta el sociólogo.

Formalmente, la Liga de Fútbol Profesional es la que fija el horario de los partidos. En la práctica es Mediapro, que gestiona los derechos televisivos. Desde el Madrid denuncian "presiones políticas" para que Jaume Roures, dueño de Mediapro, trasladara el encuentro al día 29 a las nueve de la noche. "Es la fecha más razonable desde el punto de vista deportivo, de la afición y cívico", declaró Roures a Catalunya Ràdio. "Es conveniente que estos dos grandes acontecimientos se celebren por separado", coincide un portavoz de la Policía Nacional.

"A mí, como tradicionalista que soy", opina Michael Robinson, ex delantero y analista de Canal +, "me choca que jueguen el lunes lo mismo que a los taurinos les chocaría una corrida a las seis. Las razones son financieras". El director general del Real Madrid, Jorge Valdano, aboga por que el clásico -el mejor producto de la Liga- sea un acontecimiento global, no local, que debería ser exhibido en todos los rincones del planeta. Y no escondido en el cuarto oscuro del lunes, una especie de anticlímax.

"El fútbol español no está especialmente politizado", discrepa el socialista Eduardo Madina. "Salvo algunos presidentes de clubes que dan la nota, la mayoría son neutrales, y también la Liga de Fútbol Profesional. El retraso del clásico es una medida excepcional que les viene bien a todos. También a las audiencias de las televisiones, que suelen bajar mucho los lunes", agrega el secretario general del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, partidario, eso sí, de que se abra una reflexión sobre la internacionalización de los horarios de la Liga para que llegue a Asia y a América. "Ya que la Liga tiene productos globales, que tenga también los horarios. ¿Quién lleva al fútbol a un niño de seis años a las diez de la noche? Sería mucho más fácil hacerlo a las doce de la mañana o a las cuatro de la tarde".

La fecha de las elecciones al Parlamento de Cataluña la estableció el presidente de la Generalitat catalana, José Montilla, conociendo de antemano el calendario de la Liga. A diferencia del rigor de otros torneos en los que los horarios y jornadas están marcados desde el inicio (la NBA y la ACB de baloncesto y la Liga inglesa, entre otros), el fútbol español está siempre expectante de una semana para otra. El Barça no quería jugar el sábado porque solo podría descansar dos días tras medirse hoy, en Atenas, al Panathinaikos. El Madrid, que jugó ayer ante el Ajax en Amsterdam, prefería el domingo. El Barça, también. "Pero no por el resto del mundo", explica Josep Maria Bartomeu, directivo azulgrana, "sino por nuestros socios y aficionados que vienen de lejos". Los dos han aceptado la injerencia política.

"El Barça es más que un club precisamente porque siempre se ha mantenido bastante independiente. Me preocuparía que un partido hiciera uso de un club", interviene el presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach, de Esquerra Republicana.

En el Valencia, por ejemplo, la mano del PP ha sido muy larga en los últimos años. Y la viabilidad económica de la sociedad de Mestalla depende de Bancaja, una entidad financiera con fuertes vínculos públicos, a la que adeuda unos 250 millones.

En España, el fútbol genera, según Llopis, un 0,9% del producto interior bruto (PIB) general y un 1,2% del PIB del sector servicios. Hacienda ha sido muy generosa con las deudas de los clubes en distintos momentos. Y no son los únicos favores recibidos por estos, beneficiados también por las recalificaciones de los terrenos de sus estadios. De ahí la interdependencia.

"Los políticos, a través de las instituciones, mandan de los clubes", afirma el novelista Ferran Torrent. "¿Por qué yo, como contribuyente valenciano, tengo que sustentar al Valencia y al Levante, que son sociedades anónimas? A cambio, los políticos pueden tutelar a los clubes y cambiar el horario de un partido como en este caso, que me parece bien para evitar problemas de orden público". Torrent va más allá: "Los futbolistas antes jugaban 30 partidos al año; ahora unos 60. ¿Cómo lo aguantan? Las autoridades no quieren echarles mano como sucede en el ciclismo".

"El fútbol como opio del pueblo es un anacronismo", tercia el también escritor Vicenç Villatoro. "En los últimos años, ha sido más bien un vehículo de libertad y de reivindicación popular", añade Villatoro, para quien el Barça traspasa todas las fronteras sociales, no solo las políticas. "Hay gente del Barça a la que no le gusta el fútbol ni verá el partido". Por tanto, entiende el traslado de fechas. En caso contrario, habrían podido faltar hasta interventores en la jornada electoral.

Desde esa óptica, Josep Sánchez Llibre, perico y político de Convergència i Unió, afirma: "El ciudadano de Cataluña merece disfrutar de esta jornada electoral sin estar pendiente del zapping". El seleccionador nacional, Vicente del Bosque, también se muestra comprensivo: "Es un proceso electoral cada cuatro años y me parece bien el cambio de día. ¿El lunes? Tampoco el martes tenía tradición y ahora se juegan encuentros de la Champions. Y si juega el Levante los lunes ¿por qué no el Madrid o el Barça?". Tras más de 40 años como jugador y entrenador, Del Bosque quiere romper prejuicios políticos: "Al Madrid siempre se le ha acusado de centralismo y al Barça de separatismo, pero hay madridistas y barcelonistas de todas las ideologías".

El fútbol y la patria siempre se confundieron, sobre todo en el ámbito de las selecciones. "Cada vez más el fútbol se utiliza para causas nobles", opina José Luis Ayllón, un culé en la bancada del PP en el Congreso. "Otra cosa es Joan Laporta, absolutamente desconocido antes de ser presidente del Barça y que ahora intenta una carrera política". Laporta es un ejemplo cercano. Silvio Berlusconi fue presidente del Milan antes que primer ministro italiano. Y la popularidad de la presidencia del Atlético permitió a Jesús Gil ser alcalde de Marbella. A ese respecto, Brian Clough, el inimitable entrenador inglés del Nottingham Forest de los años ochenta, sentenció: "Hay más hooligans en la Cámara de los Comunes que en un partido de fútbol".

Sorprendido por la pregunta, el escritor Enrique Vila-Matas, culé declarado, dispara: "Si digo que los políticos deberían haber cambiado de fecha sería políticamente incorrecto, así que no, mejor digo que mi equipo tendrá un día más de descanso. Está bien probar otro día como el lunes". En esa línea, Francisco González Ledesma, especialista en novela negra, considera que el Barça-Madrid en domingo "distraería" mucho a unos votantes ya de por sí "muy desanimados" para votar.

Ya en el Mundial de Suiza, en 1954, la inesperada victoria de Alemania -el llamado Milagro de Berna- frente a la formidable Hungría de Puskas, fue una herramienta más en la reconstrucción de la Alemania destruida por la II Guerra Mundial. Una buena causa. El Mundial de Argentina de 1978, sin embargo, sirvió para lavar la cara de la feroz dictadura de las Tres Fuerzas Armadas. Por contra, Francia 98 fue un canto al mestizaje. Y Alemania reactivó la locomotora económica tras la Copa del Mundo que organizó en 2006. Por supuesto, Sudáfrica se presentó ante el mundo en 2010 como un país capaz de lo mejor.

Hay incluso quien apunta a que determinados Gobiernos trataron de marcar el estilo futbolístico de un país. España, sin ir más lejos, estuvo presionada por el franquismo para adoptar la furia como seña de identidad, según la teoría del entrenador argentino Ángel Cappa. "La furia es un invento del franquismo. España ganó la Copa de Europa de 1964 con un equipo de jugadores tocadores. Muy parecido al concepto actual: Lapetra, Luis Suárez, Del Sol, Perera, Amancio... Lo que es falso es la furia. No existió".

"El Barça-Madrid ya es un gran acontecimiento político en sí mismo", remata Ferran Torrent.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 2010