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Crítica:

La ceguera de Abraham

El tema de Abraham y el sacrificio de Isaac planea, desde los primeros minutos de su conciso metraje, sobre las imágenes de esta miniatura de ritmo casi ritual, sembrando la inquietud de una tragedia anunciada. En las antípodas del registro tragicómico empleado por los hermanos Coen en Un tipo serio (2009), David Volach lleva al protagonista de su ópera prima -un rabino ultraortodoxo- a abrazar la misma conclusión que el profesor universitario que paseaba su desdicha vital en esa sobresaliente película: la sabiduría recogida en la Torá sirve de poco cuando se trata de encontrar sentido a la experiencia del dolor.

A David Volach se le nota demasiado la voluntad de telegrafiar su mensaje -una puesta en cuestión de la figura del padre en el seno del integrismo judío-, pero lidia con tacto y elegancia con los golpes de efecto de su propuesta, esquivando las efusiones melodramáticas y la tentación de la gravedad para tantear un eficaz registro elegiaco en el momento culminante.

MY FATHER, MY LORD

Dirección: David Volach.

Intérpretes: Roni Aharon, Nitsam Bar, Yonathan Bashayev, Idit Ben Abu, Assi Dayan, Ilan Gryff.

Género: drama. Israel, 2007.

Duración: 72 minutos.

No obstante, My father, my lord maneja antes ideas que personajes -el padre, la madre y el hijo son simples piezas en el tablero de su tesis: conceptos con patas- y, a ratos, el cineasta se apropia del tono machacón, asfixiante del propio rabino que ocupa el centro de su diana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de noviembre de 2010