Columna
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La palabra más hermosa

Observados de cerca, los gestos más cotidianos muestran una textura extraña, sorprendente. Las palabras que pronunciamos, por ejemplo. Comienzan con un poco de aire en nuestra cavidad bucal, aire que el juego de labios, dientes y lengua convierte en sonido, sonido que transmite -según una convención cultural que compartimos con nuestros interlocutores- un significado. Es como si las palabras dichas flotaran un rato en el espacio y luego se desvanecieran, dejando en el hablante y el oyente una impresión, una sensación. Insertas en una larga, interminable, ordenada o caótica concatenación discursiva, pocas veces solemos pensar en ellas de una en una, saboreando la música de sus fonemas o el denso significado que abrevian en su escueta forma.

Creo que es difícil apreciar la belleza del mundo sin apreciar al mismo tiempo la belleza de las palabras que utilizamos para nombrarlo y crearlo. Una iniciativa de Eusko Ikaskuntza en relación al Día del Euskera, que se celebra el próximo 3 de diciembre, nos invita a participar en ese ejercicio: se trata de elegir la palabra más hermosa del euskera, sea por su fonética, etimología, significado, connotación o por la experiencia personal que nos evoca. Una idea estupenda que ya ha sido desarrollada en otras lenguas, con resultados más que significativos. Por ejemplo, en 2006 miles de internautas votaron para elegir la palabra más hermosa en español: ganó amor, seguida de libertad, paz, vida, azahar, esperanza, madre, mamá, amistad y libélula. También se realizó una encuesta virtual similar para elegir las palabras inglesas más bonitas, con el siguiente orden de resultados: mother, passion, smile, love, eternity, fantastic, destiny, freedom, liberty, tranquility.

Salta a la vista que para la mayoría de la gente no es fácil apreciar las palabras solo por su eufonía o sonoridad, sin hacer caso de su significado; de hecho, es impensable que propongan alguna de connotación negativa. Ayer le pregunté a mi madre cuál era la palabra más hermosa en euskera. Es difícil elegir solo una, me dijo, pero pronto sentenció: maitasuna (amor). En efecto, es difícil, porque hay palabras que acarician por su suavidad (xuxurla, xamur, muxu, goxo), palabras que se enroscan (kiribil, txirikorda), palabras que se balancean (kulunka) o se deslizan en el sueño (kuluxka), palabras que repetidas tranquilizan (bare-bare, isil-isil, lo-lo), palabras que evocan esperanza (goizargi, zeruertz), sensaciones visuales o gustativas (gerezi), táctiles (maindire) u olorosas (kresala)...

Pero si tengo que elegir, creo que me quedaré con lilura. Me gusta su sonoridad, li-lu-ra, y lo que evoca: fascinación, maravilla, hechizo, deslumbramiento. También su ambigüedad, pues puede referirse asimismo a una vana ilusión, a un espejismo. Pero sin ese asombro, sin esa maravilla, qué poco merece la vida. Horregatik, hitzen lilura...

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 17 de noviembre de 2010.