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Análisis:MUNDIAL DE F-1 | Un título para el mejor equipo

Un premio merecido para Red Bull

Era casi imposible que algo así sucediera, pero Vettel se convirtió ayer en el campeón más joven de la historia. Y mirando el desarrollo de la temporada creo que el resultado final hizo justicia a una escudería como Red Bull, que siempre tuvo el coche más rápido, y a Vettel, que ha dejado de ser una promesa para convertirse en uno de los mejores pilotos del paddock. Que ganara el título salvando en la última carrera la diferencia de 15 puntos que le separaba de Alonso me parece increíble. Debía ocurrir un milagro, y él como su equipo lo hicieron posible.

Ferrari sufrió un ataque de pánico cuando vio que Webber había cambiado a neumáticos duros y que su rendimiento mejoró de forma espectacular. Alonso había tenido problemas con las gomas delanteras cuando utilizó blandos en los entrenamientos y llevaron al asturiano al taller, sin pensar en todas las consecuencias que ello podía producir. En aquel momento no pensaron que Vettel podía ganar el título. Les parecía una posibilidad remota. Pero no valoraron suficientemente que había varios pilotos -Petrov y Rosberg entre ellos- que habían cambiado ya sus neumáticos y que, por tanto, iban a defender con uñas y dientes sus posiciones. Ferrari fue demasiado conservador en su estrategia. Y eso es algo que les ha ocurrido ya otras veces este mismo año.

Ferrari, que sufrió un ataque de pánico, fue demasiado conservador en su estrategia. Algo que ya le ha ocurrido otra veces este mismo año

Me pareció increíble que los Ferrari no pudieran adelantar en toda la carrera al Renault de Petrov y al Toro Rosso de Jaime Alguersuari. Pero tanto el ruso como el catalán mantuvieron un nivel de conducción altísimo y fueron cerrando todas las puertas a los monoplazas rojos. Alonso realizó una buena carrera, no hay nada que achacarle. Su temporada ha sido notable y el equipo ha mostrado una gran capacidad de reacción, porque supo sacar de la mediocridad un coche que no funcionaba y convertirlo en otro ganador, capaz de ganar cuatro carreras de las últimas nueve y de dar alas a Alonso hasta la última carrera.

Sin embargo, lo que más me ha impresionado este año ha sido la agresividad y la conducción de Vettel, la calidad del coche que ha creado Newey, el mejor de la última década, y la firmeza que ha demostrado la escudería Red Bull en sus posturas. Con solo 23 años, el alemán se mostró como un piloto extraordinario y defendió sus opciones de título con una firmeza impresionante. Hizo un fin de semana perfecto, logrando la pole y marcándose como objetivo ganar la carrera. Era lo que debía hacer y no falló. Pero pudo hacerlo porque encontró en Red Bull una complicidad que no habría tenido en otras escuderías. El equipo ha superado los momentos duros que han vivido y ha pasado de las críticas que han recibido. Decidieron jugar limpio, ser honestos y les salió bien. Ellos podían hacerlo porque fue el propio propietario de la escudería el que afirmó que prefería perder el título que romper las reglas del juego. En otros equipos eso hubiera sido imposible. Los compromisos con los patrocinadores crean unas obligaciones ineludibles.

Con Vettel, Red Bull abrió un camino por el que otros pilotos pueden también acceder a conducir uno de los mejores coches del mundo. El alemán fue el primer piloto salido del Red Bull Junior Team que se subió a estos monoplazas. Pero detrás están otros que esperan. Y en estos momentos, el mejor situado, bajo mi punto de vista, es Jaime Alguersuari. Esta semana rodará ya con un Red Bull en Abu Dabi en las pruebas de neumáticos del fin de semana. Se merece la oportunidad, porque esta temporada ha dado un salto de calidad extraordinario, superando habitualmente a su compañero de equipo, Buemi, tanto en carrera como en la clasificación. Ayer, frenando a Massa, volvió a ganarse el respeto de sus jefes. Si Webber decide irse, no me extrañaría que le ofrecieran su volante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2010