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Crítica:FLAMENCO | El Negri

Una visión flamenca de La Habana

La música cubana y el flamenco siempre han tenido relación. Del país antillano proceden algunos de los que se dieron en llamar cantes de ida y vuelta, los ritmos que los gitanos llevaron a las colonias y luego trajeron de vuelta pasados por el tamiz de los negros esclavos. Incluso comparten un ritmo, la rumba, que los cubanos hacen más redondo y los flamencos más seco y acelerado. Y a pesar de tantas cosas en común, no es sencillo trasladar la música cubana al flamenco. Porque la rumba y la bulería no comparten rítmica, y tampoco lo hace esta con la habanera, el son y el tumbao. Trasladar unos ritmos a otros sin que las letras suenen deslavazadas es tarea difícil. Enrique Heredia, Negri (Madrid, 1972) lo intentó anoche en Madrid.

Soledad Giménez interpretó una versión de 'El abanico'

La gala supuso la presentación del disco 'Habanera flamenca'

El fin de fiesta lo protagonizaron el artista y María Toledo

El recital que ofreció en el Teatro Fernán Gómez bajo el paraguas del Festival de Jazz de la ciudad que lleva celebrándose todo el mes de noviembre, era la presentación del disco que viene estrenando estos días, Habanera flamenca, un encargo de Televisión Española para el que Negri se ha rodeado de artistas de ambos lados del océano. La idea era, tal como él mismo explicó sobre el escenario, traer Cuba al flamenco "que hacemos hoy".

Le acompañaban, en su viaje, Jerry González, trompetista que anoche se lució en las percusiones, incluso en varios diálogos con el cajón flamenco del protagonista de la noche. También René Toledo, guitarra y tres cubano, y Haru Mori, bajista cubano de padre japonés. De la parte flamenca Heredia eligió la guitarra de Josep Salvador, las percusiones de José Manuel Ruiz, Bandolero, y el sabor gitano de sus tres hermanas, María, Rocío y Remedios Heredia, que hicieron palmas, coros y pinceladas de baile.

Este es el primer paseo de Heredia por La Habana, pero no por territorios latinoamericanos. Desde que concluyó en 2002 el recorrido de La Barbería del Sur, grupo de Nuevo Flamenco que creó en 1991 junto al guitarrista Juan José Suárez, Paquete, Heredia ha trabajado con el músico y compositor mexicano Armando Manzanero en dos discos, uno de los cuales aún no ha visto la luz en España: El último beso y La calidad, con gran éxito en aquel país.

Pero lo de anoche no tenía otro protagonista que Cuba. Heredia quiso comenzar con sabor flamenco, y cantó una toná sobre su propia voz grabada, que derivó en una bulería que dio a su vez entrada al sonido cubano. El disco, que ahora se edita en formato CD y DVD, hace un recorrido por canciones tradicionales, algunas con más de cien años de vida, como recordó el cantante anoche, y eso hizo Heredia en su recital.

Su voz, melódica, pero con un punto gitano, recuerda a la de Antonio Carmona, el que fuera cantante de Ketama, máximo exponente de lo que se dio en llamar Nuevo Flamenco hace una década. No hace grandes alardes, no hay más que canto sencillo, sentido y sin excesos, que caminan sobre unas letras que hablan de amor a Cuba y las personas.

En el programa inicial estaba anunciado que acompañarían a Heredia voces muy flamencas, como la del cantaor Arcángel y Estrella Morente, además del anteriormente mencionado Antonio Carmona. Ninguno de los tres apareció por el escenario. Sí cumplió la joven María Toledo (nacida María Rodríguez en Toledo, 1983), que el año pasado estrenó trabajo discográfico llamado como ella que sigue la senda de cantantes como Niña Pastori. Su voz, agitanada y aguda, puso el contrapunto a la de Negri en unos tanguillos que sonaron más gaditanos que habaneros, que ella adornó con unas pinceladitas de baile apasionado.

También estuvo en el escenario la que fuera cantante del grupo de pop Presuntos Implicados, Soledad Giménez, que interpretó una versión de El abanico que arrancó en otro punto de Latinoamérica: una bossa nova que fue acelerando su compás conforme avanzó. Completó la nómina de colaboraciones un cantante cubano afincado en Madrid, David Montes, de voz completa y poderosa, que improvisó junto a Heredia sobre la letra y música de Iré a Santiago letrillas sobre la noche y el concierto.

Tras el momento mágico de Heredia con Montes llegó el fin de fiesta, que no podía dejar de ser flamenco. Fue por bulerías y lo protagonizaron Negri y María Toledo, que adaptó para la ocasión el fado de Carlos Cano María la Portuguesa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2010