EE UU busca que el G-20 ponga límites a los desequilibrios externos

Rechazo de los grandes países exportadores a fijar topes al superávit comercial - Washington pide a China y los emergentes que dejen subir sus monedas

Estados Unidos propuso ayer una vía para evitar que la tensión en el mercado de divisas se convierta en una guerra que amenace la recuperación. Su iniciativa, presentada ante los ministros de Finanzas del G-20, reunidos en Gyeongju, pasa por poner techo a los desequilibrios en la balanza de pagos, para que los países que mantienen artificialmente bajo el valor de su moneda cambien de estrategia. La propuesta ha provocado la división inmediata en el seno del grupo que incluye a países desarrollados y emergentes y en el que participa España.

La reunión está diseñada para definir la agenda del encuentro que celebrarán los jefes de Estado y de Gobierno el 12 de noviembre en Seúl. Pero EE UU ha querido marcar la agenda con sus propuestas mediante una carta enviada por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, a sus homólogos.

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En su carta, Geithner propone que "los países del G-20 se comprometan a adoptar políticas consistentes con la reducción de sus desequilibrios externos por debajo de un porcentaje del producto interior bruto (PIB) en los próximos años", con algunas excepciones para exportadores de materias primas. Fuentes de las delegaciones concretaron después que la propuesta estadounidense es fijar un tope de superávit o déficit por cuenta corriente del 4% del PIB para 2015.

El balance por cuenta corriente registra el saldo de los pagos procedentes del comercio de bienes y servicios, las rentas en formas de beneficios, intereses y dividendos y las transferencias corrientes. Dado el peso que suele tener la balanza comercial en ella, los principales exportadores como Alemania o China registran fuertes superávits por cuenta corriente. España tiene un fuerte déficit tanto comercial como por cuenta corriente.

Para lograr que no se sobrepasen esos límites, Geithner propone que "los países con persistentes superávits deberían emprender políticas estructurales, fiscales y cambiarias para impulsar fuentes domésticas de crecimiento e impulsar la demanda global". La línea tradicional de la Administración de Obama es que economías como la china dependan más de la demanda interna que de lo que venden en el exterior.

Del otro lado, Washington defiende que los países con déficit "impulsen el ahorro nacional mediante la adopción de compromisos fiscales a medio plazo consistentes con niveles de deuda sostenibles y mediante el fortalecimiento de sus exportaciones".

Mientras que Corea del Sur, Canadá o Australia mostraron cierto apoyo a la idea, muchos otros mostraron sus reservas. Japón calificó la propuesta de "poco realista", Alemania rechazó "una economía dirigida" e India subrayó las dificultades para establecer esos límites. De ese modo, parece difícil que en la declaración de hoy se pueda adoptar un acuerdo al respecto que sirva para relajar la tensión que se vive desde el verano.

En su carta, Geithner también pide que los países del G-20 "se abstengan de políticas cambiarias diseñadas para lograr ventaja competitiva ya sea debilitando su moneda o evitando la apreciación de una moneda infravalorada" y pide abiertamente a algunas economías emergentes como la china (sin citarla) que revalúen su moneda de forma gradual. El acuerdo también se presenta difícil en este terreno. Como mucho, se espera un comunicado en el que los socios del G-20 se comprometan a no ejecutar devaluaciones competitivas y reiterará que el cambio sea determinado por el mercado, basándose en los fundamentales, según los borradores que han circulado.

Wall Street sigue pensando que la Reserva Federal reactivará en dos semanas el mecanismo de recompra de deuda. Y eso, como insisten en el parqué, dominará a corto plazo y presionará a la baja al dólar hasta que haya un cambio de política monetaria. Pese a ello, Timothy Geithner lleva varios días dejando claro que EE UU no está siguiendo una estrategia camuflada, destinada a devaluar el dólar para potenciar así su economía mediante las exportaciones, como hace China.

La reunión de ministros de Finanzas del G-20 arranca, por tanto, entre quejas y propuestas varias, que no hacen más que reflejar las diferencias de enfoque que hay a la hora de encarar el nuevo ciclo. Esa falta de unidad preocupa al Fondo Monetario Internacional, donde lamentan que se haya evaporado la coordinación vista en los momentos más intensos de la crisis financiera y temen que las tensiones sobre el tipo de cambio lancen una carrera proteccionista que colapse la actividad comercial.

Foto de familia de los ministros de Finanzas del G-20. En primer término a la izquierda, Ben Bernanke, y a su lado, Elena Salgado.
Foto de familia de los ministros de Finanzas del G-20. En primer término a la izquierda, Ben Bernanke, y a su lado, Elena Salgado.GETTY

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