Crónica:Crónica
i

Premio para el diseño total de Óscar Mariné

Industria distingue al estudio madrileño con el Nacional

"El diseño no es algo fatuo y frívolo. Ni sobra, ni vulgariza las cosas. El diseño es todo, en Italia o Alemania lo saben muy bien, y nosotros deberíamos aprender de ellos para avanzar de una vez y mirar al futuro". Sentado en la sala de reuniones de su estudio de Madrid, con un traje de pana negro que por momentos le acalora, Óscar Mariné explicaba ayer con amable energía la importancia de obtener el Premio Nacional de Diseño 2010 (otorgado por el Ministerio de Industria y Turismo a su estudio y al Grupo Kettal, especializado en muebles) por una trayectoria en la que a estas alturas cabe de todo: de un jarrón al rediseño de El País Semanal, Babelia y el suplemento Domingo de EL PAÍS, carteles para películas de Pedro Almodóvar, la colección de revistas de fotografía C Photo o una exposición de El Greco. "Creo que mi seña de identidad ha sido saber adaptarme a cada terreno", asegura él.

"Un diseñador es alguien que tiene que saber un poco o bastante de todo. Viajar mucho y tener perspectiva. Yo vengo de una generación autodidacta y para mí fueron fundamentales los nueve años que viví en Nueva York". Mariné se refiere a los noventa y cita al diseñador de origen húngaro Tibor Kalman (el director de arte de la revista Colors, que falleció en 1999) como su maestro. "Él me conocía por Madrid me mata [publicación de los tiempos de la movida madrileña], se acercó a mí y me enseñó mucho".

Mariné recuerda que él es un equipo (que según el proyecto puede superar la veintena de personas) y se revuelve en la silla defendiendo una profesión que mueve "ideas y economía". En su estudio, un enorme cartel en inglés lo deja claro: "El diseño es todo". Amante de las tipografías, lamenta la falta de "cultura visual" de un país que -más allá de Barcelona o Valencia- ha sido y sigue siendo duro para su profesión. "En España estamos lejos de tener un exceso de diseño. Al revés. Importamos todo lo que consumimos porque no hemos aprendido a hacerlo bien. Antes de fabricar las cosas hay que pensarlas; el diseño es la inteligencia que identifica a las cosas. Hoy en día, cuando la calidad es muy homogénea en los productos y la tecnología es la misma para unos y otros, lo único que diferencia una cosa de otra es su diseño, es algo absolutamente necesario, pero aquí parece que solo es una capa de pintura rosa. Tenemos que salir de eso de una vez".

El grupo Kettal, con quien comparte el premio, es para él un ejemplo de empresa "despierta". "Es un orgullo porque son el ejemplo perfecto de avanzadilla, de empresa que sabe utilizar el arma del diseño". La falta de sofisticación es para él lo que convierte a España en un país poco competitivo y, por tanto, consumidor de productos extranjeros. La falta de cultura de empresa ha frenado la innovación que llega de la mano del diseño. "Para mí este trabajo tiene mucho de reto y de responsabilidad".

Mariné pone ejemplos: el trabajo para EL PAÍS o la museografía de la exposición (y el catálogo) que montó en México del Greco. "¿Encargarle a un diseñador el montaje de un artista barroco? Pues tuvo sentido. ¿Porque acaso existe algo más moderno que El Greco y Toledo? Eso es lo que tenemos que contar, el futuro desde nosotros mismos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 21 de octubre de 2010.