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La rehén británica murió en Afganistán por 'fuego amigo'

EE UU admite que pudo ser víctima de la explosión de una de sus granadas

Estados Unidos ha reconocido ante Reino Unido que la rehén británica Linda Norgrove, que murió el viernes durante la operación llevada a cabo por tropas de la OTAN para intentar rescatarla en una zona montañosa de Afganistán, pudo morir por la explosión de una granada lanzada por tropas estadounidenses. En un principio se dijo que Norgrove murió a causa de una granada, pero luego se aseguró que murió al activar su cinturón explosivo uno de los guardianes que la mantenían secuestrada.

El primer ministro británico, David Cameron, leyó ayer un comunicado durante una de sus ruedas de prensa mensuales -que había sido convocada de forma inesperada- en el que explicó que había recibido a primera hora de la mañana una llamada del general Petraeus, responsable de las tropas aliadas en Afganistán, para decirle que había "nueva información" sobre la muerte de la rehén británica, y que hay "evidencias que indican que Linda podría no haber muerto a manos de sus captores como inicialmente creímos". "Las evidencias y subsiguientes declaraciones del personal afectado sugieren que Linda pudo morir como consecuencia de una granada detonada por la fuerza que llevó a cabo el asalto", añadió.

Comienza la investigación sobre los atentados del 7-J en Londres

Cameron apoyó, sin embargo, la decisión de intentar el rescate, y aclaró que la joven se encontraba secuestrada en una zona de Afganistán bajo mando de Estados Unidos "y por eso la operación fue llevada a cabo por fuerzas de Estados Unidos". "Era una operación muy difícil y en última instancia la responsabilidad de la muerte de Linda recae en quienes la tenían secuestrada", subrayó.

El general Petraeus ha ordenado una investigación conjunta británico-estadounidense para determinar cuáles fueron las circunstancias de la muerte. Paralelamente, el presidente Barack Obama manifestó por teléfono sus condolencias al primer ministro británico. Ambos acordaron que "ahora lo esencial es llegar hasta el fondo de lo que ocurrió durante la operación de rescate", y se comprometieron a "mantener una cooperación estrecha (...) en la investigación", informa Efe.

La declaración de Cameron se produjo apenas unos minutos después de que los británicos tuvieran ocasión de reflexionar sobre lo cercano que es para ellos el problema del terrorismo islamista, al arrancar en el Palacio de Justicia de Londres la investigación judicial sobre los atentados del 7 de julio de 2005, en los que murieron 52 viajeros y 4 suicidas en sendas explosiones en tres vagones de metro y un autobús en el centro de la capital británica.

La investigación, bajo la responsabilidad de la juez Dame Heather Hallett, tiene como objetivo principal dilucidar si los servicios de emergencia actuaron en su momento correctamente y, sobre todo, si los servicios de información pudieron hacer algo más para evitar el atentado, cometido por cuatro jóvenes musulmanes británicos. Ha habido ya dos investigaciones parlamentarias que han concluido que no se puede hacer responsable al MI5, la agencia encargada de la seguridad nacional, pese a que dos de los suicidas, y en particular uno de ellos, Mohamed Sidique Khan, llegaron a estar en el radar de los servicios secretos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de octubre de 2010