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Colombia cautiva al Zinemaldia

San Sebastián aclama a 'Los colores de la montaña', de Carlos César Arbeláez

El público aplaudía y Carlos César Arbeláez, director de la película Los colores de la montaña, les correspondía aplaudiendo. Carlos César Arbeláez saludaba agasajado, y las personas que abarrotaban la sala dos del Kursaal, lanzaban vítores y volvían a aplaudir. Y así, durante casi dos minutos. Hubo quien, incluso, se puso en pie. Era jueves y el colombiano acababa de recibir el veredicto a su trabajo en la sección Zabaltegi-Nuevos Directores del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Quién se lo iba a decir al director, que tardó nueve años para encontrar las ayudas necesarias para finalizar el proyecto. Cómo podía imaginar tal acogida Arbeláez, que recibió su visado para acudir al certamen sólo un día antes de su salida. "Fue algo precioso, mucho más de lo que podíamos imaginar", declaraba emocionado ayer el director, que esperaba que la película tuviera una buena distribución más allá de Colombia, donde la presentan en el Festival de Cartagena.

"Fue algo precioso, mucho más de lo que podíamos imaginar", confiesa el director

Una hora antes de la proyección de su película, Arbeláez hablaba con sus compañeros de equipo en la terraza del restaurante Ni Neu. Los productores, Julián Giraldo y Juan Pablo Tamayo, y el vicepresidente financiero de RCN Televisión, Luis Guillermo Torres, tomaban un chupito de orujo. Mientras, Arbeláez se mantenía en un segundo plano, jugando constantemente con las cuerdas de su mochila. "Estoy muy nervioso, me he levantado a las tres de la madrugada", confesaba el colombiano, que ensayaba una frase en euskera que, en el último momento, desechó: Eskerrik asko nire filmea ikustera etortzeagatik.

Ni los periodistas, ni los operarios del Zinemaldia, ni la gente que paseaba por el Kursaal reconocía a Arbeláez, que, con su acreditación al cuello, pasaba desapercibido. No en vano, hasta rodar Los colores de la montaña, el colombiano se había dedicado íntegramente al género documental. "Colombia tiene cine desde hace poco. Hasta 2003, una ley estipulaba que sólo se podía crear un filme al año; por eso, hallábamos una salida con los documentales", comentaba Arbeláez.

Camino a la sala dos del emblemático edificio donostiarra, el colombiano explicaba a EL PAÍS que todo el equipo sentía que "el simple hecho de estar en el festival" ya era un premio, por lo que, pese a que les gustaría ganar, ya estaban "orgullosos". La reacción del público, sin embargo, invitaba al optimismo. Bien es cierto que otras películas, como Blog, de Elena Trapé, también respondieron a las expectativas, pero lo cierto es que la tónica general a la salida del cine era realmente positiva.

Los colores de la montaña narra la historia de Manuel, un niño que vive en un pueblo de un monte colombiano. A partir de la excusa de la caída de un balón en un campo minado, la película muestra el conflicto en el país latinoamericano desde "el punto de vista de los buenos". En este sentido, los paramilitares y la guerrilla de las FARC están presentes sin ningún papel protagonista. "He preferido hacer una reflexión del conflicto colombiano desde el sentimiento", explicó Arbeláez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de septiembre de 2010