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Crítica:Don Winslow | EL LIBRO DE LA SEMANA

'Cervantes y Shakespeare fueron los primeros escritores de novela negra'

El escritor estadounidense desentraña en El invierno de Frankie Machine la mafia de la Costa Oeste norteamericana

Tras El poder del perro, la espectacular, feroz y brutal panorámica de tres décadas de narcotráfico entre México y Estados Unidos, Don Winslow (Nueva York, 1953) ha cambiado hasta cierto punto de registro y ha escrito El invierno de Frankie Machine, una seductora novela sobre la mafia de la Costa Oeste norteamericana a través de un personaje implacable -y también adorable-, el viejo gánster Frank Macchiano, al que sacan de su retiro y le obligan a buscar en su pasado la clave que le permita seguir vivo. Winslow vuelve así a retratar una época que comienza en la década de 1960 y llega hasta el presente. La entrevista tiene lugar en un hotel del Berlín de la guerra fría y mientras Winslow cruzaba el Atlántico la policía mexicana detenía, en Puebla, a Sergio Villarreal, apodado El Grande, de la familia de los Bertrán Leiva. "Todo lo que consiguen es liberar un puesto de trabajo que rápidamente será ocupado", dice lacónico. "Está bien, pero creo que todo lo que el Gobierno mexicano puede hacer es escoger a un ganador en la guerra entre los carteles y tratar de negociar con él, porque hay demasiado dinero. La única solución es legalizar las drogas, aunque puede que ya sea tarde porque la mafia se ha hecho demasiado rica, al igual que en la década de los treinta, cuando se levantó la prohibición del alcohol y la mafia ya se había enriquecido y penetrado en muchos otros sectores".

PREGUNTA. Hay una diferencia de tono, de nivel de violencia entre El poder del perro y El invierno de Frankie Machine.

RESPUESTA. Cierto. De entrada porque lo sitúo en California. La mafia de la Costa Oeste es más tranquila: sale el sol, hacen surf y están en la playa y esto imprime carácter.

P. ¿Cómo un detective privado se convierte en escritor?

R. Yo ya quería ser escritor antes de ser detective. Vivía en Nueva York y no tenía dinero, así que conseguí un trabajo como detective que consistía en investigar los robos en un cine. Luego lo dejé y durante dos años estudié teoría militar sobre África. Quería trabajar de experto en el Departamento de Estado. Pero no me gustó el Departamento de Estado y un amigo mío que organizaba safaris en Kenia me empleó.

P. ¿Habla suajili?

R. Sí, no me costaría recuperarlo. En Kenia iba a tener un hijo y no quise que naciera en África. Me casé y volví al trabajo de detective privado en California. Pero el gusanillo de la escritura seguía allí. Me gustaba especialmente la novela negra y leía a Chandler, a Thompson... Un día cayó en mis manos Los nuevos centuriones, de Joseph Wambaugh, que era un policía de Los Ángeles que decidió escribir diez páginas cada día. Yo me limité a cinco diarias. Tres años más tarde tenía mi primer libro.

P. Sus personajes, por malos que sean, son tratados con una empatía que los hace, si no queridos, al menos comprendidos. Usted llega al fondo de la naturaleza humana. ¿Le viene de sus años como detective?

R. Crecí en una parte de América, en Rhode Island, donde hay mucha mafia. Todo es cuestión de escuchar y de dar vueltas por ahí. Como detective privado, parte de mi trabajo era hablar con testigos o con criminales y llegar a un acuerdo para que declararan o me contaran algo. Son técnicas de interrogación. Se les intenta convencer de que aporten información a cambio de reducir condena, de una mejora en su situación carcelaria o de ayudar a la familia. En muchas ocasiones no puedes hacer nada por ellos, más que escucharles.

P. Sus dos últimos libros dejan claro que la clave del éxito del género es que es el que mejor explica el presente.

R. Sí, especialmente en los últimos 10 o 15 años en que se ha volcado sobre temas sociales y económicos. El género policiaco se resume en la búsqueda de la verdad: ¿quién lo hizo? Tradicionalmente se centraba en asuntos personales, pero ahora la pregunta se ha extendido, ya no solo es cuestión de saber quién lo hizo, sino por qué lo hizo y en qué contexto lo hizo. Creo que desde autores como James Ellroy la novela negra se vuelca sobre cuestiones históricas.

P. El poder del perro es un libro sobre geopolítica. Más aún por el hecho de abarcar periodos largos y precisos de la historia contemporánea. También

El invierno de Frankie...

recorre casi cuatro décadas.

R. Un ensayo puede explicar los hechos, pero la ficción puede contar la verdad. Los escritores tenemos la libertad de incorporar los sentimientos y los pensamientos en las novelas y trazar el perfil de traficantes de drogas y criminales y así explicamos lo que no es posible en un ensayo. Cuando empecé a escribir El poder del perro solo quería escribir sobre un episodio que sucedió en 1991, pero empecé a darme cuenta de que necesitaba ir mas atrás y más atrás, hasta que salió lo que salió porque mi editor me dijo que parara cuando ya había llegado a 1920. Porque la realidad siempre tiene una razón que la impulsa en el pasado. Me detuve en la historia de la salida de Sinaloa del cartel de la heroína, que es como la expulsión del paraíso.

P. Usted ha asegurado que el 90% de El poder del perro sucedió realmente. ¿También en El invierno de Frankie Machine? ¿Las referencias a las relaciones entre Richard Nixon y Jimmy Hoffa son exactas?

R. Sí, Nixon tuvo relaciones directas con la mafia, pero la mafia siciliana norteamericana se ha debilitado mucho. Los cambios legales permitieron a las autoridades federales entrar muy adentro de la organización. Por otro lado, si uno es un capo de la mafia y tiene un hijo inteligente, tendrá el dinero para mandarlo a una buena universidad y saldrá del mundo del crimen. Si el hijo es tonto se quedará en la banda, pero esto afectará el nivel de inteligencia del grupo, que va bajando. Hay un elemento darwiniano. El Padrino puede ser una gran película, pero no tiene nada que ver con la mafia; Los Soprano sí que se acerca mucho a la realidad. Pero no hay nada parecido al honor en la mafia, todos los capos que han sido detenidos han delatado a todos y pactado su libertad. La mafia está acabada, siempre quedará algo, pero a pequeño nivel.

P. Pero llegan otras mafias: la mafia rusa, la jamaicana, la mexicana...

R. En Estados Unidos, cada vez que llega un grupo étnico trae consigo su mafia. Fue así con los irlandeses, los italianos, los judíos..., y ahora con los rusos, los jamaicanos... Conforme se integran en la sociedad invierten en negocios y dejan el crimen. Se puede ganar dinero con esto y salir indemne. Al final solo quedan los sociópatas.

P. ¿Su próximo libro es también sobre la mafia?

R. Normalmente trabajo en varios proyectos. El último, titulado Savages, es también sobre la mafia; una puesta al día, en torno a la vuelta de la marihuana como el gran negocio de la actualidad y el control que ejercen los carteles. Hasta hace poco los carteles no estaban en el negocio de la producción, sino en la distribución. Esto ha cambiado a causa de la marihuana, que por su uso médico se ha convertido en paralegal en algunas áreas. Los carteles se han reintegrado verticalmente y controlan desde la producción hasta la venta en las esquinas. Por otro lado, trabajo en un proyecto para el que he tomado el argumento de la guerra de Troya, y trozos de la Ilíada y la Eneida, mezclándolas con la historia de la mafia en América. Cuando uno lee los clásicos se da cuenta de que todo está contado y que Cervantes y Shakespeare fueron los primeros escritores de novela negra. Enrique IV está en el origen de El Padrino y Cervantes es el primero que escribe sobre la vida criminal en la literatura occidental. La historia que escribo es la de las guerras del crimen de Nueva Inglaterra, que duraron diez años y se iniciaron en una fiesta entre mafiosos irlandeses e italianos en la playa, cuando uno de los irlandeses sedujo a una chica italiana.

P. ¿Frank Macchiano existió? ¿De Niro será el protagonista de la película?

R. No existió exactamente, pero todos los flash backs que va recordando son ciertos. Y sí, tiene sentido que sea De Niro, pero yo no le tenía en mente cuando escribí el libro. El cine es complicado. Ya hicieron una película sobre una de mis novelas y fue un fracaso. Aprendí que había que tener más control y ahora trabajo con un amigo que es guionista y escritor. También trabajo el guión de Savages con Oliver Stone.

El invierno de Frankie Machine. Don Winslow. Traducción de Alejandra Devoto. Martínez Roca. Barcelona, 2010. 416 páginas. 18,90 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de septiembre de 2010