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Crítica:

El bigote como arma de seducción

En una temprana secuencia de esta comedia romántica que busca marcar las distancias con las connotaciones babosas del género, Drew Barrymore y Justin Long unen sus labios en el beso que rubricará el comienzo de su relación. De repente, uno de los temas de untuoso aor romántico de Top gun (1986) toma posesión de la banda sonora con vehemencia. El espectador no tarda en descubrir la naturaleza diegética de la inserción musical: el compañero de piso del personaje encarnado por Justin Long, que ha estado escuchando el desarrollo de la escena desde la habitación de al lado, ha decidido puntuar el clímax pinchando el fastidioso hit. Los amantes no tardan en reaccionar airadamente contra el envoltorio musical de su caída en el abandono romántico. Es un momento que sintetiza, precisamente, esa voluntad de distanciarse de un molde genérico, pero que, al mismo tiempo, subraya las contradicciones de una película que no quiere ser otra-estúpida-comedia-romántica sin por ello dejar de respetar, punto por punto, la ortodoxia del género.

SALVANDO LAS DISTANCIAS

Dirección: Nanette Burstein.

Intérpretes: Drew Barrymore, Justin Long, Christina Applegate, Jason Sudeikis, Charlie Day.

Género: comedia. EE UU, 2010.

Duración: 102 minutos.

Primer largometraje de ficción de la documentalista Nanette Burstein -codirectora de El chico que conquistó Hollywood (2002), el valioso testimonio en primera persona del ascenso y caída del irrepetible productor Robert Evans-, Salvando las distancias basa su conflicto dramático en las inclemencias de una relación a distancia -en este caso, a caballo entre Nueva York y San Francisco- y en el pulso entre lo masculino y lo femenino sobre el campo de batalla de las inevitables renuncias que uno de los polos deberá afrontar para que la cosa se salve. La película supone el debut como guionista de Geoff LaTulippe y, en este sentido, se afirma como una espléndida carta de presentación: más allá del carisma del binomio Barrymore + Long -y de la complicidad que ambos pueden generar en el espectador desafecto al género-, Salvando las distancias es, ante todo, una película muy bien escrita, que se las ingenia para trascender el ámbito de su público natural, a través de irresistibles digresiones sobre el uso del bigote como arma de seducción y proyector de estados de perplejidad espacio-temporal y otros afortunados apuntes de afilada y eficaz comicidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de septiembre de 2010