Reportaje:viajes

Siena se defiende al galope

La ciudad italiana celebra orgullosa El Palio, su popular carrera de caballos - La ministra de Turismo sugirió prohibirla siguiendo el ejemplo de los toros en Cataluña

"El Palio es El Palio. Es un universo que no se explica con adjetivos, ni sustantivos. Hay que vivirlo". El quiosquero de la esquina lo repite tropecientas veces a turistas e ingenuos visitantes que llegan pidiendo explicaciones. Luego las encontrarán de una manera vertiginosa y espectacular, cuando dé comienzo la célebre carrera de caballos, principal atractivo turístico de la localidad de Siena. Se corrió anoche alrededor de la Plaza del Campo -con su peculiar forma de abanico-. La polémica precedía este año al acontecimiento debido a unas declaraciones de la ministra de Turismo en las que sugería que la pohibición de los toros en Cataluña podía servir de precedente al replanteamiento de esta fiesta de raigambre medieval, desde siempre en el objetivo de los ecologistas por el trato que reciben los caballos. Anoche Siena se mostró más bien ajena a las prohibiciones. El Palio volvió a suscitar entre los 60.000 habitantes de la ciudad toscana emociones tan fuertes que se pudieron medir con los ojos cerrados. Y un par de buenos oídos.

"Michela Brambilla no sabe lo que dice. Su crítica no tiene ni pies ni cabeza", responde el alcalde
"La comparación con las corridas es infundada", dicen en el consorcio del Palio
Desde 1999 se sigue un protocolo para proteger a los caballos
"Es nuestra manera de ser. El tejido social de la ciudad", dice un corredor
Las polémicas parecen fortalecer el orgulloso sentido de superioridad

Los tambores y los himnos de las contrade participantes -provenían de 10 de los 17 barrios en los que queda dividida de la ciudad- resonaron durante todo el día. Y la plaza se fue llenando para transformarse en un gran coliseo donde 50.000 personas se trataban a empellones con un solo objetivo: el perímetro recubierto de toba amarilla que hace las veces de pista. En cuanto entraron los diez animales, con sus jinetes sin silla, la tensión se extendió por la plaza en forma de un silencio irreal solo interrumpido por un murmullo, un estornudo o un lejano tono de móvil. Luego llegaría la lectura por parte del jefe de la carrera del orden de salida de los caballos y volvería el ruido en la plaza, los gritos, los aplausos, las incitaciones y los insultos para los adversarios.

"No hay polémica que pueda aguar esta pasión. El Palio es el centro de la vida de la ciudad", dice el alcalde Maurizio Cenni en respuesta a las declaraciones ministeriales de Michela Brambilla. Sugirió que había que suspender la manifestación, que recrea desde el lejano siglo XIII los juegos entre caballeros de distintos bandos. "Si en Cataluña han prohibido la corrida, nosotros deberíamos reflexionar sobre una fiesta que se distingue por un trato cruel hacia los animales", declaró. "La ministra no sabe lo que dice. Su crítica no tiene ni pies ni cabeza. Llega por parte de alguien que se halla instalada en la más completa ignorancia sobre el tema", contestaba el alcalde ayer a este diario. La ciudad le arropa. Y, volvió a demostrarlo ayer, está dispuesta abrazar a su fiesta más popular y sentida.

Cuando un disparo al aire marcó el arranque de la carrera, nadie se acordaba de todo esto. Como es tradición, los caballos dieron tres vueltas a la plaza, casi un kilómetro de distancia a todo trapo. Un millar de metros recorridos en menos de dos minutos. Ganó Istriceddu, el caballo de la contrada de la Tartuga. Y por el camino quedó el representante del barrio de la Selva, cuyo caballo tropezó al salir de una curva. Fue el momento de mayor tensión de la noche. El jinete cayó, lo arrollaron, pero el caballo siguió su camino como llevado por el diablo.

"No existe polémica sobre la seguridad de los animales que pueda aguantar la prueba de los hechos. Los caballos son divinidades en Siena. Son los verdaderos protagonistas de la fiesta", comenta Senio Sensi, presidente del Consorcio para la tutela de El Palio. "Cualquier comparación con las corridas de toros es infundada. No corremos para matar a los caballos, sino para glorificar su habilidad". La cuestión no es nueva. En los años 80 y 90 hubo alguna carrera particularmente violenta: caídas rocambolescas, caballos que resbalaron, jinetes pisoteados, animales con patas destrozadas que llegaban abatidos al final de la competición. Entonces se usaban pura sangre, altos esbeltos, rápidos pero frágiles. "Todo ha cambiado, pero en el pleno respeto de la tradición y del ritual", explica Sensi. Actualmente corren caballos mezzo sangue, más compactos, tozudos y robustos. Se sigue un protocolo de protección firmado en 1999 con el Ministerio de Agricultura, que regula la entera vida del caballo de Palio, desde su nacimiento hasta su muerte. "Respetarlo cuesta al ayuntamiento 200.000 euros anuales", cuenta el alcalde del Partido Democrático, que en sus 10 años de mandato ha organizado veinte palios (se corren dos por año, el 2 de julio y el 16 de agosto).

En los establos autorizados gestionados por la Guardia Forestal, se monitorean todo el rato los cuadrúpedos. Los que cumplan con características morfológicas (por ejemplo, la altura máxima debe ser 1,65 metro sin cabeza) se inscriben en un registro. Para El Palio de ayer había 200 candidatos. Todos se entrenan en pistas reconstruidas idénticas a la Plaza, con dos curvas muy pronunciadas (de 85 y 97 grados). Un equipo de veterinarios les sigue, les somete a radiografías y análisis de sangre (antidoping) y selecciona a los 10 más aptos. Cuatro días antes de la fiesta, se echa a suertes qué caballo corre con qué contrada. Por supuesto, los accidentes pueden entrar en el guión, como en cualquier hipódromo del país. Sin ir más lejos, durante el ensayo general del domingo, Guschione, el animal de la contrada Giraffa, resbaló al salir de la curva Casone y se hizo un esguince. Ayer no corrió. El médico le recomendó descanso y paja.

En medio de este ambiente de vertiginosa emoción, no cuesta creer que las críticas rebotasen amortiguadas entre las callejuelas y placitas. Un par de días en la ciudad bastan para concluir que El Palio es un espectáculo al que nadie en Siena quiere con renunciar. Por no suspenderlo, no lo ha suspendido ni la desgraciada muerte, en la noche del domingo, de un delegado del Ayuntamiento de Aviñón, golpeado en la cabeza por el desprendimiento de la cornisa de un balcón. Estaba participando en una cena organizada por la contrada Civetta.

"Es mucho más de una evocación histórica con cuatro locos que se disfrazan. Es nuestra manera de ser. Es el tejido social de nuestra ciudad". Lo explica Guido Muzzi, 40 años, de la Torre, que no corrió pero participó en el desfile previo, para así glorifica la tradición tal y como siglos de historia y de superstición recomiendan. Con un vaso de chianti en la mano, Muzzi se explica: "Mis hijos salen y yo no me preocupo, sé que la gente del barrio me los vigila. En la sede de la contrada hay gente a todas horas". Allí van los extranjeros para conocer a los autóctonos; los ancianos, para jugar a las cartas; las mujeres aprenden a coser medias y casacas al estilo medieval y los niños desde pequeños hacen cursos para saber ondear las banderas y tocar el tambor. "Por eso El Palio no se reduce a aquel minuto y medio de carrera. Dura los 365 días del año".

Lo que encuentran los turista en las contrade es una ciudad de ladrillos rojos, que se recoge alrededor de sus 17 pequeños barrios. Cada contrade es una suerte de ciudad dentro de la misma ciudad. Cuatro callejuelas, tres cruces, una población bien tejida, una iglesia -un cura- , una asamblea que gobierna y un centro diurno desde donde se organiza El Palio.

Todo eso, dicen con orgullo los vecinos, se concretaba ayer en los escasos dos minutos de la carrera. Y también, en los cuatro días que la preceden, vividos con la urbe envuelta en una atmósfera irreal, como suspendida en el tiempo. Hombres con medias coloreadas, banderas y pañuelos en cada esquina, olor de estiércol de caballos, policías que se toman fotos con japonesas en minifalda, gente que duerme en la plaza, larguísimas mesas preparadas en las calles repletas de vino y carne, actuales banquetes medievales. De boca en boca rebotan nombres dignos de las mejores páginas de Harry Potter: Dragón, Lechuza, Ola, Girafa, Oca... Parece la magistral puesta en escena de un folleto turístico. Pero Siena, y sobre todo su gente, son así. Por eso las polémicas apenas la rozan, al revés, parecen fortalecer su orgulloso sentido de superioridad.

Después de todo, no será la primera, ni parece que la última vez que la fiesta sea puesta en entredicho. "A principios de los ochenta, por ejemplo" -recuerda Alessandro Falassi, catedrático de antropología en la Universidad de siena- la montó la prensa comunista. Algunos periodistas búlgaros provocaron al alcalde Canzio Vannini, miembro pura sangre del PCI, que llevaba velas a la Virgen como manda el ritual propiciatorio. Él les liquidó: "La política es la política. La Virgen es la Virgen". Y, como bien le gusta repetir al l quiosqueo: El Palio es El Palio.

El jinete Luigi Trecciolino encabeza la carrera de El Palio, celebrada ayer en Siena.
El jinete Luigi Trecciolino encabeza la carrera de El Palio, celebrada ayer en Siena.REUTERS
Los caballos recorren una distancia de un kilómetro en apenas dos minutos.
Los caballos recorren una distancia de un kilómetro en apenas dos minutos.REUTERS
En la imagen de arriba, ambiente de la plaza. Abajo, la caída de uno de los jinetes.
En la imagen de arriba, ambiente de la plaza. Abajo, la caída de uno de los jinetes.REUTERS
Sumérgete en esta espectacular tradición medieval italiana que se celebra en julio y agosto. Este año hay polémica por quejas de los ecologistas italianosLUCIA MAGI / ÁLVARO R. DE LA RÚA

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 17 de agosto de 2010.

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