Una decena de medidas de Sanidade naufragan contra el gasto en fármacos

Galicia se encuentra entre las comunidades donde más se encarece la factura

La Consellería de Sanidade no ha conseguido dar con la tecla para frenar el gasto farmacéutico. El departamento de Pilar Farjas ha puesto en marcha casi una decena de medidas y la factura en medicamentos de Galicia sube por encima de la media española y se sitúa entre las que más lo incrementan. Quizás por eso, el Grupo Parlamentario Popular registró la pasada semana una proposición de ley para crear un catálogo propio que restrinja los fármacos subvencionados por la Administración.

Los instrumentos para luchar contra el excesivo gasto son numerosos, según la consellería. Hay una campaña de fomento de prescripción de medicamentos genéricos, con la que dice haber ahorrado un millón de euros. Se creó el Observatorio do Bó Uso do Medicamento, que hace un seguimiento del empleo de determinados fármacos para establecer directrices de su uso racional de coste y eficacia. También se usa la Comisión de Farmacia Terapéutica para proponer estrategias de mejora en gestión eficiente de recursos. Se ha puesto en marcha una Unidad de Apoyo a la Prescripción, regulando la receta de medicamentos de "alto impacto social y económico" en las guías terapéuticas, que recomiendan a los facultativos qué fármacos usar. Hay un plan de inspección de dispensación de recetas, nuevos módulos en el programa de receta clínica electrónica y compras centralizadas de medicamentos en los hospitales.

La Xunta se escuda en el envejecimiento y el incremento de la población
El PP ha propuesto una ley para restringir los fármacos gratuitos

La consellería achaca los malos números comparativos con el resto de España a varios factores. "En la lectura del gasto mensual no se tiene en cuenta la variabilidad de la población de un año a otro y el incremento del envejecimiento que tiene Galicia y que hace que haya más patologías crónicas y pluripatologías. Además, con la receta electrónica, la facturación es más rápida, lo que influye en que se gaste más", explica una portavoz de Sanidade.

Hay más razones, según explica Miguel Ángel Fernández, secretario de sanidad de la ejecutiva del PSdeG y gerente del Hospital de Lugo durante el bipartito. Asegura que las compras centralizadas de medicamentos en los hospitales ya no se hacen con el método que se puso en marcha hace un lustro, mediante el que los fármacos más costosos se adquirían por concurso público entre todos los hospitales del Servizo Galego de Saúde (Sergas). "Además de ahorrar, este mecanismo obliga a las empresas a adquirir unas responsabilidades y obligaciones con el concurso, que pueden acarrear una sanción en caso de incumplimiento", añade.

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Las guías terapéuticas tampoco están suficientemente desarrolladas, coincide Fernández con Manuel Martín, presidente de la Plataforma de Defensa de la Sanidad Pública en Galicia. "No están muy extendidas ni apoyadas. Si para una neumonía tal medicamento es el más apropiado, todos los médicos deberían tener un perfil similar y recetarlo y esto no siempre sucede", argumenta Martín.

Una razón más de fondo es el escaso tiempo que los médicos de la sanidad pública pueden pasar con los pacientes en la consulta. Así lo asegura Teresa Valls Durán, presidenta de la Asociación Galega de Pediatría. "En las agendas hay muchos niños. En atención primaria hay un paciente cada seis minutos, menos tiempo del necesario para poder hacer diagnósticos, hablar más con los padres y esto quizás hace que acudamos a los fármacos excesivamente. Una de las soluciones para disminuir el gasto es dialogar con el paciente, educarlo sanitariamente, transmitir el uso racional del medicamento y eso precisa tiempo, no se puede hacer en seis minutos", explica Valls.

Porque aunque los médicos de atención primaria reconocen tener buena parte de la responsabilidad en el gasto farmacéutico, también subrayan que en ocasiones la presión del paciente es mucha, lo que llaman el "tratamiento de complacencia".

Con la norma que el PP pretende aprobar en el Parlamento se intentará restringir el número de medicamentos que pueden ser recetados para quedarse, según el diputado Miguel Santalices, con "lo mejor al mejor precio". El Ministerio de Sanidad, que elabora el catálogo de los medicamentos con receta, asegura, sin embargo, que no se puede restringir, por lo que está por ver la viabilidad de la ley.

La presión de la industria

Si el gasto en medicamentos aumenta hay un claro beneficiado: la industria farmacéutica. Manuel Martín, presidente de la Plataforma de Defensa de la Sanidad Pública en Galicia, asegura que entre el 30% y el 40% de los ingresos de este sector va destinado a promocionar sus productos. Buena parte de eso sufraga la formación de los médicos, congresos, comidas y, en ocasiones, viajes que poco tienen que ver con su labor. "Se genera una relación de deuda entre el laboratorio y el médico y hace que el profesional tienda a distribuir el producto que tiene detrás más esfuerzo de márketing de la industria. Eso en Galicia está muy lejos de estar regulado. Hay normativas muy laxas que no se cumplen", asegura Martín.

El ejemplo más claro de que esto sucede es que cuando sale un medicamento nuevo, inmediatamente pasa a ocupar los primeros puestos en ventas, incluso aunque existan otros fármacos de espectro muy similar a precios reducidos.

Una solución, en opinión de este médico, es que la Administración sólo autorizase fármacos que aporten novedad sobre lo ya existente. "En la mayor parte de los casos, en los últimos 20 años apenas llegaban al 5% los que aportaban ventajas reales. Sin embargo, no paran de salir nuevos medicamentos que se siguen recetando", explica Martín.

Otra solución, en la que coincide con Teresa Valls, presidenta de la Asociación Galega de Pediatría, es incentivar a los profesionales para que receten de la forma más racional posible. "Podría haber mejoras en la carrera profesional o algún otro beneficio para motivar a los facultativos", dicen.

Sobre la firma

Pablo Linde

Empezó a escribir sobre el coronavirus prácticamente cuando se descubrió y desde entonces se ha dedicado a cubrir la pandemia. Comenzó a publicar en EL PAÍS en 2007, centrado en asuntos relacionados con la sanidad y la salud, lo que le ha valido ganar varios premios nacionales, como el Prismas de divulgación científica o el Boehringer de medicina.

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