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Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Vergüenza: la lapidación de una mujer

Nuevamente una mujer, Sakineh M. Ashtianí, puede ser lapidada en Irán a pesar de las presiones internacionales para evitarlo. De hecho, Amnistía Internacional alerta de que las autoridades iraníes aún podrían ejercer esta brutal y medieval condena. Sakineh, de 43 años y madre de dos hijos, condenada a muerte por adulterio, de cumplirse la decisión del régimen de Teherán, sería enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el Código Penal de la República Islámica.

Si las potencias occidentales se reúnen en cónclaves permanentes, afectadísimos por la tendencia del Gobierno iraní y el delirio de su presidente Ahmadineyad en cumplir con su programa nuclear, acordando entre los más poderosos líderes mundiales sanciones que no paralizan ni mucho menos impiden el curso de los acontecimientos, el hecho de que paralelamente no les importe que sea posible la muerte a pedradas de una mujer por adúltera significa una bofetada de indignidad en el rostro de ese Occidente. Con su anuencia, esas poderosas naciones que pierden tanto tiempo y esfuerzo en reuniones de los G-8 y G-20 se ponen a la altura de un Irán que ha perdido el norte de la historia.

Junto a este país, al menos otros tres practican la infame lapidación: Nigeria, Somalia e Indonesia. Todos ellos sometidos a la sharía o ley islámica, que igualmente castiga el robo con la amputación de las manos y la "fornicación" fuera del matrimonio, la homosexualidad y el consumo de alcohol con 100 latigazos. Acabar con estas barbaridades debería ser un objetivo mundial.

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