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Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Los campeones del mundo

Un juego de equipo

Los futbolistas de la selección, unidos tanto dentro como fuera del campo

Sin solistas ni individualismos, España cuajó un Mundial sensacional, con un juego coral, de mezclas y asociaciones. Presión avanzada, recuperación en campo ajeno, toque rápido, circulación necesaria para abrir huecos, múltiples recursos y definición puntual. Pero en la rebotica también se gestó la victoria, con partidas a la pocha y a la PlayStation, con una reunión en el club de críquet que definió la ambición del equipo, los bailes al ritmo de Shakira o las muchas jaranas en la habitación de Capdevila. Un cóctel perfecto que bien vale una Copa del Mundo.

CASILLAS. Determinante

Arrancó el torneo con las manos blandas, condicionado por un error en el amistoso ante Arabia Saudí, que azuzó el debate sobre su titularidad. "Iker es el portero y el capitán de la selección", aclaró entonces Del Bosque. Casillas tembló frente a Suiza pero respondió ante la exigencia: sofocó el escaso peligro de Chile; anestesió las faltas de Ronaldo; detuvo el penalti de Cardozo cuando Paraguay se las daba victoriosa; chafó a Alemania cuando Kroos le acribilló; y desdibujó el gran torneo de Robben al sacarle dos mano a mano. Sus lágrimas tras el gol de Iniesta ante Holanda expresaron su humanidad, la presión que ha soportado. Un beso a la Copa del Mundo y otro a su novia.

Siete partidos. 660 minutos. 17 paradas y dos goles recibidos.

REINA. El secundario perfecto

Asumió el papel secundario con naturalidad y siempre dispuesto a dar sus consejos. Un soplo suyo bastó para que Casillas adivinara la trayectoria del penalti de Cardozo. Competitivo en los entrenamientos y agitador de las fiestas con su cháchara, ha sido un punto capital de apoyo para sus compañeros y, sobre todo, para Casillas. Su carrera por la banda tras el gol de Villa a Portugal demuestra el compromiso y pasión del meta con el grupo.

No ha jugado minuto alguno.

VALDÉS. Uno más

Ya nadie duda de él. Tildado de elemento desestabilizador por lo competitivo que resulta, se le presuponía mala relación con los otros dos porteros. Bastó con una semana para que se entendieran los tres guardametas, para que Valdés mostrara su cara más extrovertida y participara de los penaltis y las bromas bajo los palos. "Siempre dije que venía para sumar", reivindica ahora. Acostumbrado a la responsabilidad en el Barça, con la selección se ha soltado, sin presión alguna. Su carrera hacia Casillas, nada más concluir la final del torneo, para abrazarle y celebrar el título, explica hasta qué punto estaba integrado en el grupo.

No ha jugado minuto alguno.

RAMOS. Efervescente

De menos a más. Empezó el torneo un tanto acelerado, más pendiente de enfocar el marco adversario que de abrochar su costado. A la que se centró, ha completado un Mundial fantástico, tan lacerante en sus ascensiones como eficaz en defensa, como imán en el remate de cabeza. Ha buscado el tanto con asiduidad, el único premio que se le ha negado. Siempre pendiente de Navas, se ha esmerado en la comunión del sevillano con el grupo. Una voz atronadora de ánimo antes de cada encuentro. "¡Por toda nuestra gente!", repetía. Así se hizo.

Siete partidos. 647 minutos. 11 remates.

PUYOL Central con cabeza

Ha completado un campeonato extraordinario. Puyol en estado puro. Se llevó un golpe en la cara ante Paraguay que le privó de acabar el duelo, pero se repuso con un tanto espectacular en la semifinal frente a Alemania, con un salto por los aires que cerró con un cabezazo. Se peleó con Piqué en el encuentro ante Portugal al considerar que dejaba desprotegida la zaga y cuando acabó el partido, ya en el vestuario, se fundieron en un abrazo entre susurros de amistad eterna. Hombre clave en la unión del grupo. No solo organizó la porra del equipo, sino que también le regaló un reloj de su marca a cada futbolista.

Siete partidos. 654 minutos. Seis faltas cometidas y un gol.

PIQUÉ. Raíz del juego

Acumula los éxitos por castigo. Suma dos Champions y una Copa del Mundo a sus 23 años. Líder natural. Sus bromas junto a Puyol han sido una constante, independientemente de la hora o del momento. "Es un tío muy insoportable", señala entre risas Capdevila. Se ha llevado tantos topetazos -seis puntos de sutura: cuatro en el labio y dos en la ceja- como elogios. Un Mundial para enmarcar, por más que cometiera un penalti ingenuo ante Paraguay y en la final no tuviera tanto acierto en la salida de la pelota, explicado porque siempre le encimaba un contrario. Le ha faltado el gol, acostumbrado como está a resolver en los momentos clave.

Siete partidos. 660 minutos. Cuatro faltas y 506 pases.

CAPDEVILA. Efectividad máxima

Su habitación ha sido como el camarote de los hermanos Marx. Bromista y dicharachero, ha unido al grupo. Se dudaba de su presencia en el once inicial -"Con jugar un minuto me conformo", apuntaba antes del Mundial- y ha resultado fundamental en el equipo, intocable para Del Bosque. Lo ha jugado todo y ha cumplido tanto en ataque como en defensa, siempre emparejado con la más fea. Alexis Sánchez, Simão o Robben, que sí le hizo sudar de lo lindo.

Siete partidos. 660 minutos. Seis faltas cometidas y ocho recibidas.

ARBELOA. Complemento

Despistado a más no poder. "Empanado pero muy buen tío", para sus compañeros. Ha disfrutado de cada entrenamiento como un regalo y en su pequeña participación no pudo evitar la sonrisa antes de ingresar en el campo. Defensa marcador, sus prestaciones se han obviado porque el grupo ha funcionado como un reloj.

Un partido. 13 minutos.

MARCHENA. Palabra de El Pater

El Pater, como le conocen en el vestuario. Una cotorra sobre el campo y en el banquillo, que vivió cada duelo como un aficionado más, activo y de los nervios. Suma 55 partidos consecutivos ganando, más que ningún otro en la historia, toda vez que rebasó al brasileño Garrincha, con 49 duelos. El cabecilla para los grupos del Valencia y el Sevilla. Cuando habla Marchena, escucha el grupo.

Tres partidos. Ocho minutos.

ALBIOL Positivismo puro

Fastidiado por la derrota inicial ante Suiza y por una inoportuna lesión en un entrenamiento, acabó por no disputar minuto alguno. Su positivismo y algarabía han calado en el grupo, que le ha dedicado el trofeo.

No ha disputado minuto alguno.

BUSQUETS. La batuta

Enorme. Absorbió las dudas del público por su primer partido ante Suiza pero ratificó la confianza de Del Bosque. "Me gustaría ser él", señaló el técnico. Y Busi respondió con autoridad, dictatorial sobre el césped, impertérrito a los nervios. A sus 21 años, fue el único medio centro de la selección en la prórroga. "Es el futuro de España", le define Piqué. Busquets es el líder de los jóvenes y un hacha al ping pong y al parchís.

Siete partidos. 631 minutos. 11 faltas cometidas y 22 recibidas.

XABI ALONSO. Pase y gatillo

Le encanta fomentar la unión del grupo pero, reservado como es, funciona también según sus códigos. Lugarteniente de Xavi en el campo, entiende como nadie la propuesta futbolística de los jugadores del Barça. Un torneo más que notable. Devora libros, está conectado permanentemente a Internet y lee cuantos periódicos caen por sus manos. Un veterano con galones que engatilla con facilidad, pero que se ha quedado sin su diana en África.

Siete partidos. 593 minutos. 13 remates y 544 pases.

XAVI. La hoja de ruta

El corazón del equipo dentro y fuera del campo. Marca la línea. Fue el instigador de la reunión en el club de críquet. Actúa como segundo capitán, participa en todo y siempre descorcha la alegría del grupo. Sus números asustan: es el futbolista que más ha corrido -400 metros le saca a Schweinsteiger- y el que más pases ha completado, por los 565 del propio alemán.

Siete partidos. 636 minutos. 80,20 kilómetros y 669 pases.

CESC. Agitador

Refunfuñó al principio porque no se sentía importante. "Es un rebelde", le dijo con cariño Del Bosque. Pero Cesc respondió a cada partido, a cada ocasión que disfrutó. "Este sí que es un empanado", aclara Piqué. Su papel en la final, con el pase del gol, le confirmó como el comodín perfecto.

Cuatro partidos. 126 minutos. Cuatro remates y un pase de gol.

JAVI MARTÍNEZ. Desparpajo

Otra sorpresa dentro del grupo. Risueño, positivo, divertido, con mucho desparpajo y participativo de las bromas colectivas. Muy ligado al grupo de los catalufos, como nombra con cariño Casillas a los del Barça, y sobre todo a Pedro y Busi. 17 minutos ante Chile que a buen seguro nunca olvidará.

Un partido. 17 minutos.

INIESTA. Un gol a la historia

Su capacidad para encarar y desbordar ha sido el recurso más fructífero de la selección. Dos goles y el segundo, el más importante en la historia del fútbol español. Sensible como pocos, dedicó el tanto a su amigo fallecido, Dani Jarque, central del Espanyol. Familiar, no era raro verle pasear por Potchefstroom con su novia, la hermana y el cuñado. Tres veces considerado el mejor del partido, ha decidido el Mundial.

Seis partidos. 557 minutos. 26 faltas recibidas y dos goles.

TORRES. Atascado

Llegó renqueante por una lesión de menisco y no le cogió el truquillo al Mundial. No materializó ningún gol y perdió protagonismo a medida que avanzaba el torneo. En la final, fastidiado por su nuevo papel, en el banquillo, se dedicó a charlar con parte del cuerpo técnico en vez de participar del rondo que hacían los suplentes sobre el césped. Sin puntería, sin ganar las carreras al rival, acabó el torneo de la peor de las maneras, con un pinchazo muscular.

Siete partidos. 291 minutos. 13 remates.

VILLA. Punto y final

Con cinco dianas, Villa se ha convertido en el pichichi de Sudáfrica junto a Forlán (Uruguay), Sneijder (Holanda) y Müller (Holanda). A diferencia de la Copa Confederaciones, se ha mostrado muy positivo en todo momento, quizá espoleado por su acierto de cara al gol. Bien de extremo izquierdo, bien de ariete, ha sido el punto y final a las jugadas colectivas de España. No hay nadie en el torneo que haya rematado más, por encima de Gyan (Ghana) y Messi (Argentina), entre otros, que se quedaron en los 15 disparos. Comunicativo, generoso e integrado desde el principio con el grupo del Barça, su nuevo club.

Siete partidos. 635 minutos. 17 remates y cinco goles.

NAVAS. Cañón de centros

Preocupado por su integración, el grupo siempre le mimó. Pero Navas pronto demostró sentirse cómodo, sin atisbos de ansiedad. Así lo aclaró sobre el campo, ojito derecho de Del Bosque, eficaz en el requiebro y auténtico cañón de sacar centros desde el costado derecho. Buscó el gol pero le faltó un poco de tino. Mira mucho y habla poco. Lo suyo, como reconoce, es disfrutar con el fútbol, con el balón.

Tres partidos. 178 minutos. Seis remates y 22 centros.

SILVA. Otro recurso

Poca relevancia sobre el campo, por más que sirviera como revulsivo o como pieza para guardar la pelota en ocasiones comprometidas. Siempre reacio a los problemas y favorable a las soluciones, nunca puso una mala cara a los compañeros. Se juntó mucho con los valencianos.

Dos partidos. 66 minutos.

MATA. La sonrisa

Apenas ha jugado. Pero siempre se ha mostrado muy participativo en los juegos de equipo, con una sonrisa como saludo. Afable, fácil de convivir con él, Mata ganó la porra junto a Piqué.

Un partido. 20 minutos.

PEDRO. Revulsivo

Prolonga el papel de revulsivo que le ha catapultado en el Barcelona. Un año espectacular, una irrupción sin igual. No entiende de nervios y es capaz de marcarse una jugada de 70 metros en una semifinal del Mundial. Sencillo, noble y un tanto tímido, pasó buena parte del tiempo en Sudáfrica con Busi.

Cinco partidos. 176 minutos. Seis remates.

LLORENTE. Juego de altura

Contento como pocos, aprovechó cada instante del Mundial como un recuerdo para guardar en la memoria. Su entrada ante Portugal sirvió para demostrar que España también puede jugar en vertical, con una referencia que fija a los centrales. Sus centímetros son un arma a tener en cuenta. Ha hecho migas con los jóvenes y con Piqué.

Un partido. 32 minutos

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de julio de 2010