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COLUMNA

Mundial

Con el fútbol me pasa como con el whisky: que me gustaría que me gustara pero no me gusta nada. Me aburre (y el whisky me da asco). A pesar de mis esfuerzos por ver partidos, por seguir a un equipo, soy incapaz de aficionarme. A los diez minutos de partido, haya goles o no, empiezo a mirar al suelo o a hacer zapping. Me ocurre con todos los deportes en general. Hace semanas me disponía a acometer el apetecible plan de echar la siesta viendo la final de Roland Garros. Tarde de domingo con sonido de peloteos como fondo para una cabezadita antológica. Pero en el tercer juego del primer set ya andaba yo aburrido. Cambié de canal y en otra cadena ponían "Los padres de ella". Me quedé enganchado y me enteré de que Nadal había ganado por el teletexto.

Eso sí, con las competiciones futbolísticas internacionales es diferente. Me parece mucho más entretenido que países se enfrenten unos a otros o el ritual de los octavos, cuartos, seminifinales o que cada encuentro sea decisivo. Eso sí me gusta. Me encanta todo lo que rodea a una Eurocopa o a un Mundial. Los partidos me siguen pareciendo insufribles pero todo el parafernalia que lo rodea me fascina. Por eso estoy atento a este Mundial. Por eso y porque existe una coincidencia bastante brutal (y vanidosa). Rodé "Pagafantas" en verano del 2008 y la selección española ganó la Eurocopa. Hoy España juega la final mientras ruedo "No controles", mi segunda peli. La arrogante teoría consiste en que cada vez que filmo una nueva película, la selección gana una competición. Yo no lo tengo muy claro pero parte de mi equipo (sobre todo los que ya rodaron conmigo "Pagafantas") están convencidos de que si hago otra peli en verano de 2012 volveremos a ganar la Eurocopa.

En 2008 trabajábamos tranquilamente en las calles de Bilbao. Era de los pocos lugares donde imaginaba que no tendría problemas para rodar escenas nocturnas durante los partidos de la Eurocopa. Creìa que no habría coches pitando tras una victoria, ni celebraciones post-partido, ni baños en fuentes públicas. Nada que detuviera el rodaje por ruidos, por algarabía. Me equivoqué. Aquel verano se produjo una "salida de armario" en Euskadi. Para mí fue un impacto brutal ver coches con banderas españolas en la calle Ercilla, gente vestida con la camiseta de la selección bañándose en la fuente de Moyúa... Ahora no estoy allí para verlo y no sé si estará pasando lo mismo. Independientemente de eso, y aunque no soporte el fútbol, me encantaría rodar otra peli dentro de dos años, cuando España juegue la próxima Eurocopa. Sobre todo por estar rodando, que es lo que más me gusta del mundo, pero también por la fe de mi equipo técnico, la fe de que si estamos rodando, su equipo, el de fútbol, también gana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 2010