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Rojo habla de "mafia" y Prieto ofrece al juez sus sospechas previas

Todas las reacciones subrayaron la "extrema gravedad" de los hechos investigados, incluido el portavoz del PNV, Joseba Egibar. "El PNV tiene que salir a dar explicaciones". Con esa frase, el presidente del Senado, Javier Rojo, pasó ayer de la estupefacción a una profunda indignación al saberse espiado por ertzainas que transmitían la información a dirigentes del PNV. Todo está en manos de sus abogados, dijo a EL PAÍS, tras dolerse de que socialistas y populares "amenazados y angustiados por el terrorismo" sepan ahora que han estado siendo espiados "por quienes nos tenían que defender y proteger". "El PNV no se puede poner de perfil, estamos hablando de dirigentes de ese partido", añadió. Rojo pudo en relación el espionaje con la intención de "chantajear a personas, empresas e instituciones", en lo que consideró un comportamiento propio de "la mafia" y de "países donde no hay libertades". "Es lo que hacían la Stassi, la Gestapo y la policía franquista", acusó.

De entre los nombres conocidos, junto al alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz, el secretario general del PSE-EE en Álava, Txarli Prieto, se puso a disposición del juez para aportarle los indicios de vigilancia y seguimiento sobre él que dijo haber percibido hace tiempo. Medios próximos al dirigente socialista alavés señalaron que ya en el pasado realizó alguna gestión por las dudas que albergaba. Durante una tertulia en Radio Euskadi con el peneuvista Joseba Egibar y el popular Leopoldo Barreda, Prieto resaltó la imposibilidad de que dos únicos agentes hayan podido someter a seguimiento a tantas personas y apuntó a la necesaria existencia de "una trama y un sistema". Egibar tachó de "delito" el espionaje y de "grave" que su fruto "haya aparecido en manos de un dirigente del PNV".

Todos los espiados son personas necesitadas de protección contra ETA, y, por tanto, llevan escolta. "No me consta, pero toda la información está en manos del juez", respondió el consejero de Interior, Rodolfo Ares, a la posibilidad de que los partes diarios de actividad que deben facilitar los escoltas sobre sus protegidos formen parte de la información filtrada al PNV. Algunos se han quejado del excesivo grado de detalle que se les exigía. El consejero apeló al secreto de sumario para esquivar cualquier detalle sobre cómo pudo acabar información policial en el despacho de un destacado dirigente del PNV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 2010