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Análisis:

Mancha

El logotipo de las cadenas en la esquina de la pantalla es una mancha. Es la marca del ganado grabada sobre su pellejo con hierro al rojo o con almagre. El canal quiere dejar claro que guarda el rebaño a salvo de los cuatreros. Pero a la marca del ganado se le suman sobreimpresiones comerciales, convirtiendo la pantalla en una especie de campo de fútbol donde los anuncios marcan el límite del terreno. Esto solo se puede deber a que las cadenas desarrollan un tremendo desprecio hacia los programas que emiten, como un vaquero que se cree superior a la manada de bueyes que conduce. Nos hemos acostumbrado a los mensajitos de móvil que completan esos debates inanes pero intensos con frases tipo: "Me encanta vuestro programa. Marga te adoro, te he dejado macarrones en el micro".

El afán recaudatorio vía SMS es grotesco aunque comprensible. Pero la inclusión de letreros va mucho más allá. En Corazón, corazón, la esquina superior de la pantalla anuncia la serie del día siguiente y la inferior la programación de esa jornada al completo. En el programa de Juan José Millás, durante la conversación emocionante con sus personajes bien elegidos, lo más molesto es aguantar el logo de Canal + metiéndosele por el ojo a los invitados. Y eso que es un canal de cuidada estética. Otros dejan caer su logo como cagadas de paloma en el cristal. Telecinco, al menos, ha diseñado un logo transparente. Eso sí, ha impuesto una versión particular de la información constante tipo CNN, por la zona inferior un rótulo avisa de las novedades de los concursantes de Supervivientes, que si a uno le ha salido un forúnculo en el ano o a otro una infección gravísima.

Sumen a todo esto la manía de resaltar en rótulos escritos durante las entrevistas lo más destacado que el invitado acaba de decir; lo divertido sería leer lo que están pensando de verdad, como en Annie Hall. Aman subrayar. La tele cada vez se parece más a un rally visual. Eso sí, no podemos ver una serie o película subtitulada, porque dicen que somos incapaces de leer en la pantalla. Claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de julio de 2010