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Reportaje:

Un Rousseau muy bilbaíno

Un grupo de ancianos reinterpreta las obras del pintor francés - La actividad se enmarca en los cursos del Guggenheim

Imagine que en uno de los cuadros del pintor francés Henri Rousseau (1844-1910), en una de sus características escenas selváticas, entre la maleza y bajo la mirada de un león, asoma, de repente, la cabeza de Puppy, el perro que custodia las puertas del Guggenheim, o el Tigre que corona uno de los edificios de Botica Vieja, en Bilbao. Esa mezcla de escenas resulta de la particular mirada y sensibilidad de una veintena de ancianos que han participado en unos cursos sobre el museo, que actualmente acoge una antológica del Aduanero.

Este tipo de cursos, impulsados por el programa de voluntariado del Guggenheim e iniciados hace ya 11 años, se dirigen, además de a personas de la Tercera Edad, a inmigrantes o mujeres, entre otros colectivos. "El objetivo es expandir la cultura" explica María Feli Diana, una de las voluntarias. Se desarrollan tres talleres, dos teóricos sobre la Fundación Guggenheim y la arquitectura del museo, y otro práctico en torno a la obra de un autor.

"El objetivo es expandir el arte", destaca una voluntaria del museo bilbaíno

Los talleres suman dos horas teóricas y otra más de tipo práctico

Los cursos se personalizan además en función del colectivo al que se dirigen. "Este año estamos trabajando con la obra de Anish Kapoor y Robert Rauschenberg, pero pensamos que a lo mejor este grupo no entendía a estos artistas", señala Diana. Por ello, María Teresa Irastoza y Carmen López, quienes viven en la residencia de ancianos Gure de Amorebieta, se pasaron allí la mañana de ayer recortando y pegando cabezas de Puppy, ilustraciones de hojas, siluetas de animales exóticos y flores que previamente habían recogido por los alrededores de ese centro -aunque ya no recordasen muy bien de dónde habían salido-, para reinterpretar la obra de Rousseau.

"Estas actividades les sacan de la rutina; es un estímulo más y trabajan la imaginación", indica Enertiz Agirre, una de las cuidadoras habituales de los ancianos. "El recortar mejora la motricidad y solo con cambiar de gente y de ambiente les ayuda muchísimo",

Cada mes intentan programar una actividad cultural como teatro y música que compaginan con los pasatiempos habituales de los ancianos como juegos, paseos, ver la tele, "el bingo los miércoles, que es sagrado", apunta Agirre, o la confección de bufandas de lana en pleno verano, "porque si no, no llegan para el invierno".

Agirre reconoce que cuando les explicaron a los residentes los talleres que iban a realizar sobre Rousseau pensó que "dos horas de charla les iban a aburrir muchísimo". Pero ahora "tienen unas ganas tremendas de ir al museo", la última de las actividades con las que se cerrará el ciclo el próximo sábado.

Ya sea imaginando paisajes exóticos o algunos más cercanos como el Tigre de Bótica Vieja, lo cierto es que Carmen y María Teresa se hallaban encantadas entre tijeras y pegamentos. "Me acuerdo que cuando era pequeña creía que el tigre ese iba a saltar y me iba a comer; qué ingenuas éramos", rememoraba la primera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 2010