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COLUMNA

Tapaderas

En el bar de la esquina cada día hay más cola para leer los periódicos del día que ofrece la casa y que acabarán la jornada manchados de grasa y de café, arrugados y a veces mutilados por algún lector insolidario y subrepticio. EL PAÍS de hoy (lunes 14 de junio) lleva en portada un tema local y reiterativo que implica, aún más, al Gobierno de Aguirre con las entretelas de la trama Gürtel.

Todos sabemos que Esperanza Aguirre se paga sus trajes y su bisutería aunque no llegue a fin de mes con el sueldo recortado, y también sabemos que ella no sabe, que doña Sabelotodo se enteró por los periódicos, periódicos como este que no le inspira ninguna confianza, de lo que tramaban tipos como López Viejo, destripador de contratos y descuartizador de presupuestos que una vez troceados y embalados se servían a los diversos testaferros que Correa cortaba y confeccionaba a la medida de cada ocasión, empresas como MQM, siglas de Marketing Quality Management, o de Me Quedo Mucho, tapadera de Easy Concept, un concepto fácil para llevárselo crudo, fuera de concurso y por la puerta de atrás en ilícitas licitaciones.

En el bar alguien propone votar por Botín y pasar de intermediarios en las próximas elecciones

En el bar de la esquina está a punto de entablarse una pendencia cuando el siguiente lector de la cola interviene para abroncar al usuario actual, al que ha visto desenfundar el bolígrafo y abordar el crucigrama.

El Gürtel madrileño comparte honores de portada con la foto de un señor gordo, belga y con flequillo que hace la V de la victoria a dos manos y exhibe sin complejos su prepotente barriga cervecera. Se llama Bart de Wever, es flamenco y separatista y acaba de ganar las elecciones del país que alberga la capital de la Unión Europea.

En Flandes se ha puesto el Sol de Europa, sentencia retórico un profesor jubilado de Literatura, parafraseando un drama histórico de Eduardo Marquina de obligada lectura escolar hasta hace unas décadas, una elegía rimada de los últimos días de los tercios de Flandes cuyo verso España y yo somos así, señora, se convertiría en aforismo popular y estereotipo de la hidalguía y caballerosidad ibéricas; pero EL PAÍS no se anda por las ramas del frondoso árbol histórico y genealógico y, bajo los titulares que anuncian la victoria de los separatistas flamencos, incluye en negritas una llamada que afirma: "La izquierda pierde peso en Europa". Una izquierda vergonzante frente a una derecha desvergonzada que en España se congratula contemplando cómo los socialistas se queman y se ensucian sacando las castañas del fuego de la crisis, de las brasas ardientes de la hoguera de las vanidades ultraliberales. Un gobierno de esclavos del mercado único, del Mercado Común Europeo, o de la Comunidad Económica Europea que así le decíamos a la UE, cuando aún se llamaban las cosas por su nombre. Todos somos rehenes del Mercado, de la Comunidad, de esta Unión de mercaderes y mercachifles al servicio de las cúpulas bancarias y financieras.

En el bar de la esquina, alguien propone votar por Botín y pasar de intermediarios en las próximas elecciones a lo que sea, y otro parroquiano plantea, con aparente seriedad, la candidatura de Díaz Ferrán y sus liquidadores para que nos privaticen a todos y pasemos a cotizar en Bolsa.

El sarcasmo se adueña de la animada tertulia a pie de barra. El periódico de hoy no tiene desperdicio, o es todo desperdicio, según se lea. En las páginas de Economía, Jesús Terciado, candidato a la presidencia de la Cepyme, organización que agrupa a las pequeñas y medianas empresas, se presenta como hombre de Díaz Ferrán, hombre de paja, desperdicio de un desperdicio que, por haber llevado a la perdición a sus empresas, ha sido premiado con la presidencia de los grandes empresarios y aspira a controlar también a los pequeños y medianos a través de terceros y terciados.

En las páginas de EL PAÍS, Jesús Terciado dice que su patrocinador, su jefe, "ha hecho una labor extraordinaria" en la CEOE, aunque seguramente no la habrá hecho predicando con el ejemplo. En la conclusión de la entrevista figura una frase lapidaria que será muy comentada por los lectores del bar: "El poder tiene mala leche". "España y yo somos así, señora".

Solo la mediación de los dioses balompédicos a favor de la roja en el Mundial de Sudáfrica puede aliviar la tristeza y despejar los nubarrones que se ciernen en el firmamento económico y en el panorama climatológico. Rayos, truenos y borrascas, nieblas, temporales y aguaceros. Llueve sobre mojado porque el verano se niega a manifestarse, porque el Sol se resiste a brillar sobre esta Europa gris de plomo y otoño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de junio de 2010