Análisis:Análisis
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Debate necesario

Muchos lectores de EL PAÍS se acordarán de Parque jurásico, aunque muchos no se acordarán de cómo se resucitaban los dinosaurios. Esencialmente, se secuenciaba su genoma a partir de la sangre que contenían mosquitos petrificados en ámbar. Luego, se sintetizaba y se ensamblaba para después introducirlo en huevos de avestruz o de cocodrilo reemplazando el ADN original. El nuevo material genético tomaba el control de la célula (el huevo), y utilizaba los componentes del organismo huésped para generar un dinosaurio. Esto, que nos parecía ciencia ficción, lo ha hecho el grupo de Craig Venter a una escala mucho más pequeña.

Esencialmente, ha secuenciado el genoma de una bacteria de las más pequeñas que existen, lo ha sintetizado in vitro y ha reemplazado el genoma de una bacteria relacionada con el sintetizado. El nuevo genoma ha tomado el control de la célula y, al cabo de unas generaciones, las nuevas bacterias son idénticas a aquellas de las cuales se sintetizó el ADN. El experimento es un hito, aunque esté lejos de crear vida artificial. Lo que hace es abrir el camino para hacer ingeniería o diseño de organismos a un nivel no alcanzado hasta ahora. Hasta hace poco, este se reducía a añadir, quitar, o modificar un gen o un número reducido de genes. Hace un par de años, un grupo americano consiguió introducir toda la ruta de síntesis de la artemisina (una droga contra la malaria) en bacterias y hongos reduciendo su coste enormemente. Este trabajo, que sigue siendo el gran éxito de la biología sintética, implicaba modificar o añadir una media docena de genes.

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La posibilidad de sintetizar un cromosoma entero con cerca de un millar de genes, introducirlo en un ser vivo y demostrar que es funcional es un hito en biología. Sin embargo, quedan todavía muchos obstáculos para que esto tenga aplicaciones inmediatas. En primer lugar, hay que demostrar que se puede hacer en organismos más complejos. Segundo, nos falta conocimiento para diseñar o modificar procesos biológicos complejos. Pero no nos engañemos: la ciencia no se detiene, y una vez que se abre una rendija enseguida hay una avalancha que empuja hasta que la puerta se abre por completo. La sociedad debería empezar a tener un debate ético sobre el diseño de organismos. Es evidente que la mayor parte del público vería con simpatía bacterias o algas que produjeran biofueles, redujeran la dependencia del petróleo y no contaminaran. O a bacterias diseñadas para eliminar residuos tóxicos, detectar minas o reemplazar a la química clásica eliminando residuos contaminantes. Pero el problema ético vendrá cuando sea posible modificar el genoma humano de forma que tengamos menos probabilidad de tener cáncer o diabetes. Evidentemente, es bueno de forma abstracta. Pero será algo que solo unos pocos puedan permitirse, y creará diferencias no económicas, sino a nivel del genoma ?¿un mundo feliz??. La ciencia básica en sí no es mala ni buena; depende de cómo se aplica. Mientras tanto, debemos considerar el trabajo de Craig Venter como un hito en la biología sintética que nos conducirá al día en que se podrá diseñar un ser vivo como se diseña un Airbus.

Luis Serrano es subdirector del Centro de Regulación Genómica (CRG) y profesor investigador ICREA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de mayo de 2010.