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Crónica:VILLARREAL 1 - BARCELONA 4 | 35ª jornada de Liga

El Barça cabalga de nuevo

Una exhibición de Xavi lanza en la primera parte a los azulgrana ante el Villarreal

Por si había alguna duda, el Barça la disipó en una primera parte primorosa. Recuperó las esencias del equipo más admirado del planeta y las esparció por El Madrigal: movilidad, precisión en el toque y brillantez en la definición. Todo eso dirigido por un Xavi celestial y un Messi que volvió a ser Messi tras el paréntesis ominoso del Inter. Es decir, un fenómeno. Favorecido, eso sí, por una renuncia del Villarreal en el primer tiempo: la retirada de un delantero (Llorente) por un centrocampista (Cazorla), cambio por el que perdió el aspecto amenazante de las últimas jornadas, recuperado, en parte, en un segundo tiempo mucho más igualado, jalonado por el gol del honor de Llorente y la respuesta final de Messi, su 29º gol del campeonato.

VILLARREAL 1 - BARCELONA 4

Villarreal: Diego López; Ángel, Gonzalo, Godín, Capdevila; Bruno; Cazorla, Ibagaza (Llorente, m. 46), Cani (Senna, m. 46); Rossi (Fuster, m. 82) y Nilmar. No utilizados: Oliva; Venta, Musacchio y Escudero.

Barcelona: Víctor Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Maxwel; Busquets (Touré, m. 79), Xavi, Keita; Pedro, Messi (Jeffren, m. 89) y Bojan (Ibrahimovic, m. 84). No utilizados: Pinto; Milito, Márquez y Thiago.

Goles: 0-1. M. 19. Messi. 0-2. M. 33. Xavi. 0-3. M. 41. Bojan. 1-3. M. 67. Llorente, 1-4. M. 87. Messi.

Árbitro: Teixeira Vitienes. Amonestó a Gonzalo, Capdevila, Godín, Keita, Busquets, Llorente y Puyol.

Unos 23.000 espectadores en El Madrigal.

Comprometido con un proyecto, con un estilo, con una forma de ser y jugar, Xavi decidió estar ayer en El Madrigal en contra del consejo de los médicos. La microrrotura en el sóleo no le impidió gobernar el partido de manera apabullante. Ligeramente a la derecha en la línea medular, dictó el juego azulgrana con la autoridad de un mariscal. Ahora un ritmo más alto, ahora más bajo; de pronto más vertical, a continuación más horizontal. El balón, siempre a sus órdenes, y el pase, siempre preciso. En el primero y en el tercer gol. Entremedias, un lanzamiento de falta desde la corona del área con la mezcla perfecta entre potencia y colocación en una pelota combada por encima de la barrera. Diego López, en su tardía estirada, se golpeó contra el poste. Era imparable.

En una frase que hizo fortuna, Piqué, antes de medirse al Inter, suspiró por que los jugadores de Mourinho llegaran a odiar su profesión en su enfrentamiento con el Barça. Sucedió lo contrario. Fueron los azulgrana los que odiaron chocar contra un muro infame para ellos, pero de la gloria para los interistas. De la vergüenza para los amantes del espectáculo. Ese que ayer el Barça volvió a ofrecer a quien tuviera la fortuna de presenciarlo. Volvió a deleitarse y deleitar.

Al celebrar el gol, su 28º, la tristeza de la eliminación europea aún presidía la cara de Messi, que apenas esbozó media sonrisa a Xavi, autor de otro sensacional pase desde la frontal del área. La maniobra de Messi fue escalofriante. En carrera y de espaldas a la portería, se giró a tanta velocidad como si hubiera recibido el balón de cara. Después ya tuvo suerte en el remate: lo desvió Godín y despistó al arquero amarillo. Más bajo de lo habitual ante el Inter, Messi volvió ayer por sus fueros, ejerciendo si se terciaba hasta de lateral derecho ocasional, en una muestra más de solidaridad.

A pecho descubierto, el Villarreal se sintió de igual a igual en los 15 primeros minutos. Dos disparos altos de Nilmar hicieron albergar la esperanza en El Madrigal de que sería un reparto de golpes. Lo fue solamente en ese cuarto de hora. Hasta que al Barça se le pasó el dolor del pasado miércoles y Xavi comenzó a dictar la lección.

La movilidad de Bojan, partiendo del extremo izquierdo, hurgó en la herida de Ibrahimovic, relegado al banquillo, mucho más tras el excelente gol del joven delantero catalán: un autopase burlón ante Gonzalo precedió a un disparo cruzado frente a Diego López.

Demasiado blando en el primer tiempo, Garrido recompuso a su equipo en el descanso. Añadió la seriedad de Senna en el centro del campo. Y el incordio de Llorente en el ataque, que pasó a contar con tres delanteros, el esquema habitual.

El Barça se dejó llevar y el Villarreal trató de encontrar algún hueco en la defensa más pétrea del campeonato, sobre todo si comparecen Puyol y Piqué. Lo logró el habilísimo Nilmar en un precioso pase en profundidad que superó a Puyol y cayó en los pies de Llorente. El donostiarra resolvió con el exterior del pie derecho. Y lanzó al banquillo una mirada recriminatoria, protestando por su suplencia en el primer tiempo. El partido se ensució y el árbitro contribuyó a la confusión con esa tarjeta fantasma a Busquets. Messi lo calmó con un toquecito muy suave por encima de Diego López. Guardiola le sustituyó a continuación y El Madrigal atronó para despedirlo. El primer tiempo azulgrana quedará en el recuerdo. El Barça cabalga de nuevo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de mayo de 2010