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Análisis:

Blázquez, un señor obispo

En un artículo aparecido en EL PAÍS de 19 de abril (edición País Vasco), el viceconsejero de Seguridad, señor Iturriaga Nieva, vierte ciertas dudas sobre el papel desempeñado por monseñor Blázquez respecto a ETA y los funerales de las víctimas del terrorismo. Y sale, ¡faltaba más!, con que su miedo a la poderosa sociedad nacionalista dificultó su labor pastoral. Existe actualmente una serie de escribientes que resuelven todos los problemas de Euskadi echando la culpa, en genérico, al nacionalismo y a los 30 años de gobiernos de estas siglas. Alguna cosa habrán hecho bien, reconózcalo Su Ilustrísima el viceconsejero, ya que por dos veces estuvieron en gobiernos de coalición. Y de Iturriaga nos acordamos todos, en aquel primer Gobierno. Pues bien, yo dije de don Ricardo que se había portado como un señor porque así ha sido. Los que hemos asistido durante diez años a la misa de la Virgen en Begoña pudimos apreciar el discurso cristiano de amor al prójimo del señor obispo, tan contundente como su condena de ETA y su apoyo a las víctimas del terrorismo. Discurso que se acrecentó a medida que pasaban los años.

"Por sus hechos los conoceréis", dice el Evangelio, y a don Ricardo le hemos conocido por su discurso valiente y comprometido, y en la vida civil, por su compromiso con el Ayuntamiento cuando ha sido necesario por el bien de la Villa y sus habitantes. Por ello entiendo que sólo desde el desconocimiento o desde una posición poco objetiva o sesgada se puede decir del señor obispo que "si algo dificultó su labor pastoral y profética fue el miedo. Su miedo a la poderosa sociedad nacionalista, tan influyente, tan enferma y tan cruel".

No creo que un servidor público -que necesita prudencia, temple y equilibrio- pueda mantener este discurso insultando a todo el colectivo nacionalista y poniendo en duda la buena fe y el buen hacer de todo un señor obispo. Más bien al contrario, recordando al profeta Isaías, deberíamos esforzarnos por "transformar las lanzas en arados", en vez de crispar un ambiente caliente de por sí. Para discrepar no es necesario insultar.

Iñaki Azkuna es Alcalde de Bilbao.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de abril de 2010