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CARTAS AL DIRECTOR

Los jueces y la democracia

Imaginemos que en un país, Polonia, por ejemplo, familiares de judíos víctimas del nazismo deciden recurrir a un juez para que les permita recuperar los cuerpos de sus familiares, enterrados en fosas comunes.

Imaginemos ahora, que el partido nazi se querella contra el juez que lleva el caso por prevaricación, alegando una ley de amnistía nacional, redactada en la posguerra, y que el Tribunal Supremo de ese país admite la querella. ¡Qué escándalo estallaría! Estaríamos todos apelando a una ley internacional superior a la del propio país, reclamando que son delitos de lesa humanidad.

Imaginemos también que un reputado juez francés acude a España a dar unas conferencias, que dichas conferencias son patrocinadas por varios organismos e instituciones privadas. Tiempo después, este juez lleva un caso en el que está implicada una de esas instituciones, la declara inocente y los acusadores se querellan contra el juez también por prevaricación: se vendió por dar unas conferencias. Bajo precio para incitar a la prevaricación.

Por último, imaginemos una derecha que en todos los casos donde ella o sus intereses se ven implicados en asuntos judiciales declara que es la policía la que actúa de forma ilegal, que los jueces actúan de forma más que dudosa, que la fiscalía está corrupta, que existe una conspiración en la sombra. Y que, sólo cuando le interesa, apela al respeto a las instituciones y a la democracia.

No imaginemos más, todo es real y pasa aquí, en España.

Por cierto, el Parlamento polaco ha decidido modificar el Código Penal de forma que queden prohibidos por ley todos los símbolos nazis y comunistas. Todo el arco parlamentario conservador ha apoyado esta reforma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de abril de 2010