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Reportaje:

El aznarismo se hace fuerte en Sol

La remodelación del Gobierno regional por la marcha de Güemes deja en las consejerías de más peso a dos políticos muy vinculados con el ex presidente

Tocar lo menos posible, que apenas quedan 14 meses para las elecciones autonómicas. Con esta consigna, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se vio obligada el pasado jueves a hacer una remodelación de su Ejecutivo en la que apenas ha habido movimientos por la marcha de Juan José Güemes. Pero la foto fija que ha dejado la última crisis de Gobierno muestra que el aznarismo queda muy bien situado en torno a la presidenta regional.

No ha sido algo premeditado. Aguirre no ha tirado de Javier Fernández-Lasquetty, nuevo responsable de Sanidad -un área con 7.000 millones de euros de presupuesto y 65.000 empleados a su cargo-, porque sea un hombre muy vinculado al ex presidente José María Aznar. Trabajó para él en el Gabinete de Presidencia y llegó a ser secretario general de la FAES, el vivero ideológico del PP.

"La gente que trabaja para Aguirre es de Aguirre", dicen fuentes del PP

Como secretaria de Comunicación, Figar se sentará en el Comité Ejecutivo

Más bien pesó que es un hombre de su máxima confianza -está con ella desde sus comienzos en el Ayuntamiento de Madrid y la siguió al Ministerio de Educación y luego al Senado- y, sobre todo, porque relevarlo de la cartera que manejaba, Inmigración (con 80 millones de presupuesto y un equipo de 93 personas), no suponía hacer un gran agujero en su equipo de gobierno. Al fin y al cabo, la consejería era hasta hace cinco años sólo una dirección general.

Tampoco ha llevado a Lucía Figar a la Secretaría de Comunicación del PP regional sólo por su vinculación con el ex presidente. Pero el hecho es que la segunda consejería en peso (con 4.779 millones de presupuesto y 49.492 empleados, en su mayoría docentes) está en manos de una mujer muy vinculada a los Aznar. Es íntima de los hijos del ex presidente, hasta el punto de que fue la madrina del primer hijo de Ana Aznar y Alejandro Agag, sin contar con que está casada con Carlos Aragonés, tan estrecho colaborador del presidente que fue su jefe de Gabinete.

Fuentes del PP explican que no se puede desligar el aznarismo de la figura de Esperanza Aguirre, pues la presidenta regional fue ministra en los gobiernos del ex presidente popular, con quien mantiene fuertes lazos en lo personal y en lo político. Y que, en los dos casos mencionados, hay también vínculos personales y sentimentales. Lasquetty, como se ha dicho, es una de las personas de su máxima confianza que, con el vicepresidente Ignacio González, ha seguido a Aguirre en todos sus destinos políticos.

Con Figar tiene además una relación casi maternal. La consejera de Educación es sobrina de la íntima amiga de Aguirre desde la infancia. Y la presidenta regional la ha visto crecer. Por eso mantienen una relación que trasciende lo político. "Es la hija que nunca ha tenido", comentan dichas fuentes.

Al colocar a Figar en la Secretaría de Comunicación del PP lo que hace es rescatarla y sentarla en el Comité Ejecutivo, el órgano de dirección, donde era una de las pocas consejeras de perfil más político que no estaba. Porque como portavoz del partido tendrá escasa ocupación: la mayoría de las labores las hace la propia Aguirre y, cuando no, el secretario general, Francisco Granados. Su actividad será más interna y para ocuparse de la difusión del programa a través de las nuevas tecnologías.

Otras fuentes populares se temen que el hecho de que el aznarismo gane presencia abrirá la puerta de consejerías importantes a gente procedente de FAES, lo que permitirá apuntalar el radicalismo ideológico de Aguirre, pues lo más probable es que Lasquetty se lleve a su equipo a la nueva consejería.

La tercera consejera que gana peso es Paloma Adrados, que une Inmigración a sus tareas de Empleo y Mujer. Su ascenso se explica por el respaldo a su gestión, pero también para equiparar las tareas de todas las consejerías. La sucesiva reducción de las áreas de gobierno, que ahora quedan en nueve, ha cargado casi todas las carteras y la de Adrados era la que más contenido permitía.

Adrados llegó a la política de la mano del ex ministro Javier Arenas, de quien fue jefa de gabinete y con quien mantiene una buena relación personal. Pero, como la gran mayoría de los políticos que colaboran con la presidenta, ahora es de Esperanza Aguirre. "En la Comunidad de Madrid no hay aznaristas, marianistas o ratistas", dicen fuentes populares. "La gente que trabaja para Aguirre es de Aguirre. Y trabajar con ella también marca mucho políticamente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de marzo de 2010