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El 'calcetín' de Tàpies existe

La escultura que rechazó el MNAC será la guinda en la apertura de la reforma de su fundación

Ha tardado 18 años en materializarse. Como si hubiera necesitado tener la mayoría de edad. Pero, finalmente, el calcetín de Tàpies existe. Va tomando forma en el taller de Pere Casanovas, en Mataró, donde ya se ha montado la estructura reticular de acero inoxidable que le da forma. Sobre ella y en su interior se situará en los próximos días una malla metálica que después se pintará de blanco para darle el aspecto de un calcetín de punto, parecido al de la maqueta que sobre una mesa sirve de ejemplo e inspiración a los expertos artesanos que trasladan la idea entre mística y humorística de Tàpies a la realidad.

La famosa escultura, proyectada por el artista en 1991 para que fuera instalada en la Sala Oval del Palau Nacional, lo que provocó una intensa polémica que incluso dividió al patronato del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), se situará en la terraza interior de la Fundación Tàpies una vez que finalicen, la próxima semana, las obras de reforma que durante cerca de dos años han tenido cerrado el edificio. Su tamaño será mucho menor de lo previsto originalmente. Si el proyecto para el MNAC preveía que tuviera una altura de 18 metros y resultara transitable en el interior, la actual escultura tendrá "sólo" 2,75 metros de altura y, naturalmente, no será practicable.

"Todo surgió porque los arquitectos de la remodelación propusieron situar una escultura en la terraza y, rápidamente, estuvo claro que la opción era el calcetín, fue algo natural", comenta Laurence Rassel, la directora de proyectos de la Fundación Tàpies, que reabrirá sus puertas el próximo 3 de marzo .

"La escultura se situará sobre el suelo, sin peana, en un espacio con grava que ya han adecuado los arquitectos", explica Pere Casanovas, el responsable de este prestigioso taller con el que Tàpies ya colaboró para, entre otras piezas, la realización de Núvol i cadira (1989), la obra que corona el edificio modernista de Domènech i Montaner que acoge la fundación, y que en su momento fue motivo también de una gran polémica ciudadana.La polémica, es curioso, ha perseguido siempre a Antoni Tàpies, pero la que provocó su propuesta de escultura con forma de calcetín fue de las más sonadas. Corría el año 1991 y el MNAC estaba empantanado en unas complicadas y costosas obras con el horizonte de tener inaugurado para el año olímpico al menos el Salón Oval. La arquitecta italiana Gae Aulenti, encargada de la reforma, decidió que aquel gran salón, como todo el edificio de un eclecticismo trasnochado, necesitaba una pieza contemporánea de impacto que diera "un signo de vida" a su inmenso espacio.

Contactó con Tàpies y éste propuso el proyecto del calcetín, un elemento cotidiano que él sublimaba de manera artística. "Un humilde calcetín mediante el que se propone la meditación; con él quiero representar la importancia del orden cósmico de las cosas pequeñas", explica en el texto que acompaña la invitación para la inauguración, el 3 de marzo, de la reforma de la fundación.

El mero proyecto de esta escultura desencadenó un fuerte debate mediático, social y político. El presidente del patronato del MNAC, entonces Pere Duran Farell, se acobardó y pidió el dictamen de las dos instituciones que conformaban el consorcio, la Generalitat (en manos de CiU) y el Ayuntamiento de Barcelona (PSC). La primera se opuso y la segunda lo defendió. Fue tal el revuelo que incluso produjo una crisis en el seno del patronato. Cuando Ramon Guardans sucedió a Duran Farell zanjó el tema. "Me opongo", dijo, y ya no hubo calcetín. Para Xavier Barral, entonces director del MNAC, fue "uno de los mayores errores estratégicos de las autoridades culturales catalanas de los años olímpicos".

Parecía olvidado, pero ahora la humildad del calcetín de Tàpies podrá, por fin, mirar al cosmos. Será la estrella de la inauguración, pero tendrá una compañía de lujo. Además de una amplia selección de obra del artista realizada principalmente en los últimos años, se exhibirán 120 obras de su colección particular, desde arte sumerio a barroco español pasando por joyas de bibliófilo o pinturas de maestros modernos. Se trata, explica Laurence Rassel, de mostrar cómo su trabajo se engarza sin fisuras en la larga historia del arte. Tenga o no forma de calcetín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de febrero de 2010