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Ataque a los militares españoles en Afganistán

La empresa que fletó el Yak no lo inspeccionó

Reconoce que era un vuelo civil, lo que facilita el cobro de indemnizaciones

La empresa que fletó el Yak-42 en el que murieron 62 militares españoles en 2003 al estrellarse en Turquía admitió ayer, por primera vez, que el vuelo era civil y no militar y que, además, jamás revisaba las condiciones de seguridad de los aparatos. Sergio Núñez Cacho, delegado de Chapman en España -que sí compareció en el juicio civil que se celebra en Zaragoza, a diferencia de Russi Batliwala, representante legal de Chapman Freeborn, que no acudió al juzgado-, afirmó que su misión era contratar los vuelos y que sólo miraba si estaban en regla los papeles de los aviones.

"El Estado Mayor del Ejército nos comunicaba que necesitaba un vuelo cuando tenía necesidad de un movimiento de soldados o de carga", declaró Núñez: "Nos lo hacía llegar a nosotros y a Namsa [la agencia de la OTAN que fletaba aviones para trasportes militares de España]. Ellos tomaban una decisión y con las ofertas que había se la hacíamos llegar a Chapman Alemania para que contratase un avión con Namsa y el Estado mayor". Por esta tarea, Chapman cobró 23.350 dólares de los 171.350 que costó en total el contratar el Yakolev-42.

Aunque Sergio Núñez no aclaró las razones por las que se eligió una compañía de Ucrania como Um Air, sí explicó que la mayoría de las empresas europeas no operaban en ese ámbito de transporte de tropas a zonas de riesgo. Eso sí, el representante de Chapman en España dijo que él solo supervisaba la documentación de los aviones, no su estado.

El abogado Eduald Vendrell replicó: "Es una falta muy grave no mirar los aviones y comprobar cuál era su estado, que era lamentable". En cualquier caso, el testigo dejó claro que el del Yak era un vuelo civil, algo que es imprescindible para cobrar las indemnizaciones de 63 millones de euros que reclaman los familiares de los militares fallecidos.

Un avión que pasó de mano en mano

- En la contratación del Yak-42 hubo cinco intermediarios. Defensa pagó 171.350 dólares y contrató el transporte de las tropas españolas a la agencia Namsa. Ésta ganó 28.750 dólares.

- El avión volvió a contratarse, esta vez a la compañía alemana Chapman Freeborn, que ingresó 23.350 dólares.

- Chapman la contrató con Volga y ésta hizo lo propio con Adriyatik. Ambas se embolsaron 95.000 dólares.

- JTR se llevó 8.000 dólares antes de que pasara a Um Airm, que al final cobró 45.000 de los 171.350 dólares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de febrero de 2010

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