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Reportaje:

No lanzar granadas a la entrepierna

Un informe pericial advierte a los Mossos sobre el uso de bombas para aturdir en lugares cerrados

Los testículos de José Antonio Coscolín quedaron destrozados cuando una granada stun de aturdimiento lanzada por los Mossos d'Esquadra estalló en su entrepierna. El 5 de noviembre de 2008, Coscolín viajaba en un todoterreno cuando fue abordado por la policía como sospechoso de extorsionar a morosos a través de una empresa. Según concluye ahora el informe pericial encargado por el Juzgado de Gavà (Barcelona) que investiga la actuación policial, ese artefacto no debe utilizarse contra personas por el riesgo de producir heridas. Y, menos aún, en un espacio cerrado y pequeño, como un coche.

El informe independiente detalla que la granada, que utiliza el Grupo Especial de Intervención (GEI) de la policía catalana, emite ruido y luz para "aturdir" al delincuente y facilitar así el trabajo a los policías. La explosión del artefacto hace que "no sea su propósito dirigirlo a las personas, ni tejidos", ya que "puede causar incendio tras la explosión y serias lesiones a las personas". Su uso preferente es la "disuasión de grupos descontrolados, liberación de rehenes al aire libre o en amplios espacios".

El caso está en fase de instrucción y un sargento y un agente de los Mossos están imputados por las heridas que sufrió Coscolín, que también está imputado por extorsión y asociación ilícita. Según el informe aportado por la defensa de los agentes, las heridas de Coscolín fueron consecuencia de un accidente en el que intervinieron "elementos imprevistos". Los Mossos, insiste este informe de parte, no tenían previsto que el artefacto causara lesiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de enero de 2010