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COLUMNA

Proyecciones económicas

Un Gobierno que se inhiba de modificar su aparato productivo está condenado al ostracismo

La ciencia económica es capaz de establecer una relación entre el crecimiento y el empleo, así como entre el crecimiento y el desempleo. La ley de Okun mide las antedichas relaciones.

Bajo estas circunstancias, se puede responder a varias preguntas del siguiente tipo: ¿cuánto debería crecer el PIB real, anualmente, para que la tasa de paro se mantenga en su nivel?, ¿cuánto debería crecer el PIB real, anualmente, para que el número de parados se mantenga en su nivel? o ¿cuánto debería de crecer el PIB real, anualmente, para que el número de ocupados se mantenga en su nivel? Las preguntas son diferentes y las respuestas han de ser, asimismo, distintas.

Los estudios llevados a cabo muestran lo siguiente. En primer término, es más fácil generar empleo que reducir el número de parados. Esto es, la creación de empleo supera la destrucción del mismo, lo que nos lleva a decir que un aumento del empleo no significa directamente una reducción de la cifra de parados. Y, en segundo lugar, relacionado con el razonamiento anterior, es que en términos de crecimiento, recortar la bolsa de parados es más difícil que hacer disminuir la tasa de paro (que como bien se sabe es el cociente entre el número de parados y la población activa).

Ante estos apuntes, algunos economistas, como Carlos Usabiaga, se preguntan cómo evolucionarán las tasas de paro y el número de ocupados si la economía española creciese en términos anuales, por ejemplo, un 0% en el año 2010. La respuesta a dicho interrogante, según los estudios efectuados por el mencionado experto, es que la tasa de paro subiría 3,1 puntos porcentuales y el número de ocupados, bajaría un 2,3%.

¿Y qué pasaría en Galicia? Siguiendo los mismos procedimientos, y acudiendo a los trabajos del citado profesor, tendríamos los siguientes trazos. En primer lugar, para que la tasa de paro no varíe, es decir se mantenga en los niveles actuales, la economía gallega debería crecer anualmente un 2,06%. En segundo término, para que el número de parados no varíe, o sea se mantengan estabilizados en idéntica cifra, el crecimiento económico anual de Galicia debería ser del 2,26%. Finalmente, para que el número de ocupados no varíe, permaneciendo en los mismos niveles del momento, la tasa de crecimiento de la economía gallega tendría que alcanzar un 1,76% anual.

A la vista de estos cálculos cualquier ciudadano se da cuenta de la fragilidad del modelo productivo de nuestra economía, de su singular especialización y de su vulnerable posicionamiento. En Galicia siempre se ha hablado de las potencialidades y de las fortalezas, pero en muy poscas ocasiones se ha avanzado, con firmeza, en apuntalarlas y extraer de las mismas las mayores sinergias.

Los especialistas económicos diferencian los conceptos de competividad en dos familias de análisis. La competitividad como desempeño, esto es, donde la competividad se expresa en la cuota de mercado que logra una empresa / país en un momento determinado; y la competividad como eficiencia, en donde la competividad se refleja como relación materia prima / producto. Es decir, la capacidad de una empresa / país para transformar materias primas en productos con un rendimiento máximo. En el primer caso, lo que se define es la posición competitiva de la demanda que determina cuales son los productos que más se requieren en el mercado. En el segundo caso, lo que se elige son las técnicas que imponen su capacidad tecnológica, financiera y comercial.

Para que una economía avance debe apostar por la mejora de su productividad y por ganar nuevas cuotas de mercado a partir de la especialización competitiva en los escenarios globales. Y ello sólo se realiza y se lleva a la práctica sobre la base de una mayor cualificación profesional, de una más intensa inserción en las cadenas internacionales de valor y, finalmente, por la integración con otras economías.

Un Gobierno que no sea capaz de definir su apuesta de futuro o que se inhiba sobre las necesarias y urgentes modificaciones de su aparato productivo está condenado a un ostracismo permanente. Por eso, en ocasiones como la actual, se observa una cierta debilidad en la argumentación y en los razonamientos de la propia Xunta de Galicia a la hora de explicar sus proyecciones y sus promesas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de enero de 2010