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Editorial:

Gripe y transparencia

Al remitir la pandemia se cuestiona el papel de la OMS. Pero la amenaza se demostró real

A medida que remite la pandemia de gripe A se reavivan las críticas a la forma en que gestionó la aparición de este virus la Organización Mundial de la Salud (OMS). El detonante ha sido la acusación de un grupo de parlamentarios del Consejo de Europa, que atribuye al organismo un excesivo alarmismo al que contribuyó que los laboratorios hicieran un gran negocio vendiendo a los Gobiernos vacunas y antigripales. La OMS ha respondido anunciando que se someterá a una investigación por expertos independientes.

El organismo tiene argumentos para defender su labor: la pandemia de gripe A "es absolutamente real", aunque ya esté en declive. Tal y como se anunció, se expandió rápidamente desde su irrupción en México en primavera, lo que justificó la escalada de alertas de los primeros días. El hecho de que el virus provocara una gripe casi siempre benigna, y que la mortalidad se haya mantenido por debajo de la de la gripe estacional, no niega que se haya producido una pandemia, esto es, una enfermedad epidémica de rápida expansión. Así lo ha sido y ha dejado hasta el momento cerca de 14.000 muertos en todo el mundo, 271 en España. El número de contagiados ha sido muy elevado: 1,2 millones sólo en España. La OMS se declaró incapaz de contarlos.

En primer lugar, convendría tener claro que una baja mortalidad del virus de la nueva gripe -0,21 fallecidos por cada mil contagios en España- es un dato a favor y no en contra de las autoridades sanitarias globales y locales. Las críticas que estarían recibiendo la OMS y los Gobiernos en caso de que la gripe hubiera causado daños masivos por falta de preparación serían muchísimo más duras. Otro asunto es si las previsiones erraron y llevaron a un gasto excesivo por los Gobiernos en la compra de vacunas y antigripales para porcentajes muy altos de su población que no han sido necesarios. En el caso español, el Ministerio de Sanidad encargó 37 millones de dosis de vacunas, recibió 13 millones, repartió nueve millones entre las autonomías y sólo ha utilizado cerca de dos millones.

La crítica en el Consejo de Europa es liderada por el parlamentario socialista alemán y médico epidemiólogo Wolfgang Wodarg, quien sostiene que la industria farmacéutica y la OMS "han incitado a destinar los recursos sanitarios a favorecer estrategias de vacunación ineficaces", y que eso se hizo deliberadamente para beneficiar a la industria. Una acusación muy grave que debe probarse. Pertenece a los científicos el debate sobre si puede anticiparse con más precisión el impacto de un virus totalmente nuevo. Había motivos suficientes para tomarse en serio la amenaza, pero puede debatirse desde la transparencia cualquier equivocación. Ahora bien, sería un error pasar de la histeria colectiva a despreciar como irrelevante un tipo de gripe que ha llegado para quedarse entre nosotros. El caso no debería llevarnos en ningún caso a desarmarnos ante futuras pandemias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de enero de 2010