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Reportaje:

Los contrastes de Suramérica

Brasil se convierte en país de moda y Chile entra en la OCDE, mientras la inestabilidad económica e institucional sacude Argentina y Venezuela

La economía de Suramérica presenta historias de contrastes. Las de Chile, que el lunes ingresó al selecto club de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); y de Brasil, una de las potencias emergentes de moda. Las de Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, anunció el pasado día 8 una devaluación en medio de cortes de servicios básicos como la electricidad y el agua; y Argentina, donde tres días antes se había desatado una crisis por las reservas y la jefatura de su Banco Central. Las cuatro mayores economías de Suramérica viven la crisis que ha sacudido el mundo de modos muy diferentes.

"Argentina es un caso de torpeza máxima", observa Roberto Frenkel, economista del argentino Centro de Estudios de Estado y Sociedad. "Había crecido en los últimos años más que Chile y Brasil, pero tiene inflación -añade Frenkel, que participa de una investigación sobre macroeconomía, crecimiento, empleo y distribución del ingreso en Latinoamérica-. No tiene nada que ver con Venezuela, que siempre que el petróleo está alto, aumenta el gasto y cuando cae, entra en problemas. Chile, en cambio, ha ahorrado cuando el cobre estaba alto en un fondo anticíclico para reducir el impacto de la recesión. Brasil apenas tuvo recesión porque tiene un crecimiento estable y una política social para compensar el impacto externo".

Las previsiones son que Brasil y Chile salgan con más fuerza de la crisis

La economía chilena es la más abierta y con reglas más estables

Lía Valls, investigadora de la Fundación Getulio Vargas, destaca que en Chile, "a pesar de la dictadura (1973-1990), hay una tradición de estabilidad de reglas e instituciones". Valls mencionó que cuenta con una economía más abierta que Brasil, pero más vulnerable por su dependencia del cobre. "En Brasil la historia de estabilidad de reglas es más reciente. Fue una novedad en la transición entre el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) y Lula. Tiene petróleo, industria, es la octava economía del mundo, pero la pobreza aún es muy grande", advierte Valls, del Instituto de Economía Brasileña de la fundación. "No es novedad que en Argentina haya crisis institucionales y cambios de políticas. En los noventa, con una economía abierta, a la industria no le fue tan bien y ahora Fernández quiere protegerla. Había crecido mucho en los últimos años porque venía de una recesión enorme [1998-2002]".

Jorge Leiva, director del Programa Económico de la Fundación Chile 21, coincide en que "las historias de Argentina y Venezuela no son de estabilidad". Recuerda que los bajos precios del petróleo en los noventa afectaron a Venezuela e impulsaron la llegada de Chávez al poder: "Al principio, su Gobierno era precario, hubo un intento de golpe, pero cuando despejó la incertidumbre política tampoco afirmó las finanzas". Sobre Argentina, Leiva observa que "venía de una inestabilidad grande cuando llegó al poder Néstor Kirchner (2003-2007) y logró estabilidad política y una recuperación rápida con una política económica heterodoxa exitosa, pero también ha ido generando problemas", como la desconfianza del sistema financiero internacional o el déficit energético. Por el contrario, primero Chile y más tarde Brasil han mantenido políticas fiscales y monetarias "prudentes" y programas sociales "para mantener la cohesión".

El Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil había crecido un 5,1% en 2008. En 2009, pese a la crisis global, aún creció el 0,6%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), si bien el FMI estima una ligera caída. A fin del año pasado, su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, declaró que su país salía de la debacle fortalecido. No crece tanto como China o India, pero el Gobierno brasileño se ampara en que mantiene a raya la inflación (un 4,2% en 2009), mientras el paro bajó del 10% de hace cuatro años al 7,9% en 2008, pero subió al 8,1% en 2009.

Chile se convirtió en el primer socio suramericano de la OCDE, a la que pertenecen 29 países desarrollados y México. "La OCDE ya no es un club de países ricos, sino de los países bien organizados", aclaró esta semana el ministro de Relaciones Exteriores chileno, Mariano Fernández. El Chile de Michelle Bachelet, que mañana celebra elecciones presidenciales, creció un 4,7% en 2007 y el 3,2% en 2008 hasta que cayó un 1,8% el año pasado. Pasó de una inflación del 7,1% en 2008 a una deflación del 1,2% en 2009. El paro, que rondaba el 7% en los años anteriores, subió al 9,8% en 2009.

Venezuela devaluó un 50% el bolívar para fortalecer los ingresos fiscales que genera su principal exportación, el petróleo. Para evitar más inflación, Chávez llamó el pasado domingo a los militares a controlar los precios en las calles y a cerrar los comercios que los aumentaran, una amenaza que se ha hecho realidad en centenares de ellos. En 11 años de Gobierno de Chávez, el bolívar ha perdido en torno al 90% de su valor pese a que el petróleo ha multiplicado su precio por ocho.

Venezuela llevaba semanas con cortes de electricidad por la sequía en la presa de su tercera central hidroeléctrica y la falta de inversión en nuevas centrales después de que hace unos años el Gobierno nacionalizase las principales eléctricas privadas. Chávez aplicó el miércoles un plan de ahorro eléctrico, pero al día siguiente lo echó por tierra. Su economía crecía mucho (un 8,4% en 2007) hasta que la cotización del petróleo dejó de batir récords y la expansión se redujo al 4,8% en 2008 y devino recesión (-2,8%) en 2009. La inflación siempre fue alta (28,9% el año pasado), mientras que el paro ronda el 8%, si bien buena parte del empleo está en la economía informal. Su déficit fiscal fue del 5,5% del PIB en 2009, según CEPAL. Chile, país dependiente del cobre, sufrió un desfase del 3,6%. Brasil, uno del 2,9%.

Argentina, que carece de financiación externa por la suspensión de pagos de 2001, padeció un déficit fiscal del 0,8% del PIB. Su clima político e institucional se ha enturbiado desde que el 6 de enero la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, decidió remover al gobernador del Banco Central del país, Martín Redrado, que se resistía a cederle reservas internacionales para pagar deuda pública. Una juez, con el respaldo de la oposición, ha frenado la transferencia y la destitución del gobernador. El PIB venía creciendo al 8,7% en 2007, se desaceleró al 5,8% en 2008, el año del conflicto entre Fernández y los agricultores, y cayó un 2,2% en 2009, según el banco Barclays, asesor del Gobierno argentino en la pendiente reestructuración de una parte de la deuda. Su inflación alta (23% en 2008 y 13,8% en 2009, según Barclays) se combinó con un subibaja del paro: del 10,2% en 2006 al 7,9% en 2008 y desde ahí hasta 9,1% actual, según las cuestionadas estadísticas públicas.

Las previsiones del FMI apuntan a que Brasil y Chile saldrán de la crisis con mucha más fuerza que Argentina y que el PIB venezolano aún caerá este año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de enero de 2010