Crítica:CLÁSICACrítica
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La naturalidad

En un pianista tan sensible, tan receptivo a todo tipo de estímulos culturales y tan amante de los vinos como del arte contemporáneo, tenía que llegar algún día a estos ciclos de Grandes intérpretes en el que acometiese el compromiso de tocar una obra de nuestro tiempo. El día elegido fue el del concierto inaugural de la 15ª edición. Christian Zacharias situó unas piezas encantadoras de Stockhausen entre una sonata de Beethoven y unas baladas de Brahms. Desgranó con delicadeza las notas de Cancer, Aquaris y Taurus, pertenecientes a Tierkreis, una obra de 1975 con resonancias tal vez orientales o quizá extraídas directamente de una caja de música. Fue una interpretación de tono confidencial. Con el sello de naturalidad que caracteriza al pianista alemán de origen indio. Una delicia.

CHRISTIAN ZACHARIAS

Obras de Beethoven, Stockhausen, Brahms y Schubert. Inauguración del 15º Ciclo de Grandes intérpretes de la Fundación Scherzo, con patrocinio de EL PAÍS. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica, 13 de enero.

El plato fuerte del programa era la Sonata número 19 en re mayor, opus 53, de Schubert. Zacharias ya había interpretado en la segunda edición de estos ciclos la integral de las sonatas para piano de Schubert en cuatro sesiones. Es un universo sonoro que encaja a las mil maravillas con sus condiciones estilísticas y hasta con sus preferencias. Su interpretación de anteayer no produjo sorpresas. Fue, sencillamente, primorosa. Sin excesos, sin afectación. Al servicio única y exclusivamente de una concepción musical transparente. El dominio técnico que posee el pianista le permite lecturas tan rigurosas como frescas y seguras.

Seguro fue asimismo su Beethoven y quizá le faltó un poco de chispa al Brahms de las baladas, inferior en cualquier caso al de los intermezzi del mismo autor que ofreció como propina. En conjunto fue un recital sin sobresaltos, muy en la línea habitual de los del pianista. El lado comunicativo y espontáneo de su indumentaria, su gestualidad y sus maneras de caminar pesan también lo suyo. Uno asiste a un recital de Zacharias y es como si se reencontrase con un viejo amigo en el salón de su casa. Esto parece muy fácil y no lo es en absoluto. Pero con Zacharias lo más complicado resulta tan sencillo que conmueve. Es una más de las virtudes de este carismático artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 15 de enero de 2010.

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