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Reportaje:Estilos

El año de la marmota

En 2009 imperó la teoría del eterno retorno... de las tendencias

El que termina no ha sido un año precisamente memorable en lo que a la renovación de tendencias respecta. Básicamente se ha intentado dar otra vuelta de tuerca a lo que lleva funcionando los dos últimos años con la esperanza de que nadie note el cambio. Algo que choca con otros tiempos, en los que lo importante era cambiar. Fuese como fuese. Seguimos en un bucle que recuerda al filme de Harold Ramis en el que Bill Murray se levanta cada día y es el mismo día.

- Cóctel musical. Este año nos ha dado tendencias tan dispares como el electro de filiaciones ochenteras cantado por mujeres vestidas de minotauros cibernéticos (Lady Gaga, La Roux, Little Boots), aires intelectuales y lisérgicos cortesía de una independencia estadounidense (Animal Collective, Grizzly Bear...) y más supergrupos (Them Crooked Vultures, Dead Weather...).

- Redes sociales y 'streaming'. Ha sido el año de la microliteratura confesional de Twitter, una suerte de red social de SMS que ha saltado a la fama porque a las estrellas de Hollywood les encanta y a los ayatolás les pone los turbantes de punta. Desde Suecia llegaba Spotify, un sistema de escucha de música en streaming que ha puesto patas arriba la industria musical y ha cambiado definitivamente el modo de escuchar canciones.

- Susto y sangre. Los vampiros, el terror y el presupuesto como arma de marketing han definido algunas tendencias en el año en que volvió Crepúsculo, España exportó cine de terror a mansalva y cintas como Paranormal activity confirmaron que se puede hacer una película con lo que cuesta un menú en el bar de abajo.

- Juegos musicales. Pinchar discos y bailar, eso es lo que hemos hecho este año en lo que concierne a nuestra realidad en bits. Tras cantar, tocar la guitarra y aporrear la batería, ahora Dj hero nos enseña a pinchar. Mientras, Just Dance recupera esas clásicas máquinas de bailar y ahonda en una tendencia que parece no tener fondo. La industria musical va sacar dinero de todo menos de los discos. Eso sí, cuidado con los avatares. La banda No Doubt demandó a una famosa casa de consolas por permitir que los suyos canten temas sexistas de otros artistas.

- Planta un MP3, escribe un libro. Con la crisis del disco, los músicos aparecen en cualquier sitio, y este año les ha dado por la literatura, algo que es como si te echan de una fábrica de minidiscs y mandas el currículo a una compañía de VHS. En fin, que hubo novelas de Nick Cave, Ryan Adams o Steve Earle.

- Lo han intentado. Una vez más han querido que vistamos capas, esta vez a rebufo del Sherlock Holmes de Guy Ritchie, y sólo han conseguido que los anticuarios de Nueva York terminen las existencias de cabezas de ciervo y pipas propulsando un revival decimonónico. Han intentado acabar con el superclub nocturno, pero no se han dado cuenta de que aquí, antes dejamos de pagar la hipoteca que renunciar al gin tonic y la go-go. Han intentado que las señoras vistan con tejidos metálicos y se han topado con las normas de seguridad de los aeropuertos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de diciembre de 2009