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Reportaje:

Otra pelea planeada

Tercer ajuste de cuentas en un año entre los 'ultras' del Sporting y los del Sevilla y el Depor

El cruce entre las calles Manso y Aguado, en Gijón, se convirtió en la tarde del pasado domingo "en un Sarajevo en miniatura", aseguran distintos vecinos, que reclaman el anonimato por temor a las represalias de alguno de los 200 ultras que se enfrentaron allí dos horas antes del partido entre el Sporting y el Sevilla (0-1).

Más de un centenar de integrantes de los Ultra Boys, el grupo de ultraderechistas que anima al conjunto asturiano, coincidió en el barrio de L'Arena con 50 biris, los seguidores de extrema izquierda del Sevilla, que contaron con el respaldo de una docena de miembros de los Riazor Blues, del Deportivo, con los que comparten ideología y enemigos. El choque no fue casual: la temporada pasada, aprovechando el viaje del Sporting a Huelva, los Biris se acercaron al Nuevo Colombino y apedrearon a cinco ultras del Sporting -hermanados a su vez con los Supporters Gol Sur, del Betis- en un coche. Este curso, hace mes y medio, los Ultra Boys y los Riazor Blues se enfrentaron en las calles adyacentes al estadio coruñés de Riazor a botellazo limpio. ¿El resultado? Cortes, brechas, magulladuras y más odio. Los violentos del Sporting se vengaron el domingo.

"La Comisión Antiviolencia debería reaccionar con contundencia, pero no se reunirá hasta enero... La pelea estaba planeada", denuncia Esteban Ibarra, del Movimiento contra la Intolerancia.

Los ultras quedaron en las proximidades de El Molinón, tras ponerse de acuerdo en distintos foros de Internet, provistos de palos, bengalas y tornillos de gran tamaño para la batalla campal, que se desarrolló durante 15 minutos, el tiempo que necesitó la policía para llegar al lugar. "Desde primera hora de la mañana, los ultras se dividieron en grupúsculos para que no les descubriesen, de ahí la tardanza de los antidisturbios", afirma un espectador de la bronca.

Como resultado de la reyerta, que obligó a movilizar 16 coches de las fuerzas de seguridad y tres ambulancias, 14 personas tuvieron que ser hospitalizadas y hubo numerosos desperfectos en establecimientos y vehículos. La policía detuvo en principio a dos personas y escoltó hasta el estadio a 40 aficionados sevillistas, pero la noche acabó con 14 detenidos.

"Todo eso no tiene ningún sentido por el escaso número de detenidos y porque luego les llevaron al partido. La policía identificó a muchos y no le sacó provecho... Los ultras tienen su trabajo, una vida normal, pero se comportan así porque saben que actúan en el anonimato", dicen desde el Observatorio contra el Racismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de diciembre de 2009