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COLUMNA

Pastores de Belén

Prohibirán los villancicos y entrarán en nuestras casas para requisarnos los símbolos religiosos y multarnos por posesión ilegal de crucifijos, para más inri. Un portavoz popular ha dado la voz de alarma en el Congreso. Bajo las cejas circunflejas y perplejas de Zapatero asoma la faz del anticristo en vísperas de Navidad, iconoclastas socialistas se entregarán al vandalismo con los belenes públicos y privados, las navidades dejarán de llamarse navidades por decreto y la Semana Santa cambiará su denominación para llamarse Vacaciones de Primavera.

Desde que el emperador Constantino llevó a su bandera de guerra el signo de la cruz, In hoc signo vinces, el humillante instrumento de ejecución y tortura, redimido en símbolo de paz y salvación eterna, ha campeado en los estandartes y emblemas del poder en cruzadas y guerras de religión lejos del perdón, la compasión y la piedad. En las aulas franquistas, el crucificado presidía, flanqueado, escoltado por las efigies del Superlativo y del mártir precursor. Jesucristo entre los dos ladrones, murmuraban los desafectos, y los falangistas descontentos matizaban, José Antonio era Dimas, el buen ladrón, y Franco, Gestas, el malo de la película.

Donde impera la fe, la razón se bate en retirada y la libertad es perseguida

La Unión Europea avala la medida de retirar de las aulas públicas el símbolo cristiano y la Unión Nacional de Fariseos llama a rasgarse una vez más las vestiduras, no ganan para trapos este año y menos mal que a algunos se las financian. Suprimir el presupuesto para crucifijos en los edificios públicos puede ser una buena, aunque modesta, medida de ahorro para los colegios que sobrevivan a la cruzada privatizadora de Gobiernos como el de Esperanza Aguirre. La Comunidad de Madrid es el reino de la concertación y un elevado porcentaje de centros concertados pertenece a órdenes e instituciones religiosas. Intramuros de estos reductos cristianizantes, cofinanciados con fondos públicos, los crucifijos, las imágenes y las estampitas de la rica iconografía católica seguirán en su sitio, presidiendo los paradójicos discursos de una pedagogía que valora más la catequización que la educación. Donde impera la fe, la razón se bate en retirada y la libertad es perseguida.

A Rodríguez Zapatero le llaman los populares Zapatero I el rectificador. Rectificar es de sabios... y de indecisos, pero los partidarios del sostenella y no enmendalla se hacen cruces para crucificar a los renegados.

Excomulgan a Bono y a cuantos (ya me dirán cómo lo hacen) tratan de conciliar sus ideas con sus creencias. El santo oficio de prohibir vive buenos momentos, el papa Benedicto accedió al pontificado tras curtirse como Gran Inquisidor, implacable martillo de herejes con zapatillas de Prada, que también es el sastre del demonio. En los escaparates de la Navidad laica se promociona estos días un CD papal, Benedicto XVI, cantamaitines, compite con Bob Dylan, que ha grabado un disco de villancicos tradicionales. Por el camino que lleva a Belén los tamborileros del PP arman bulla advirtiendo a los fieles cristianos de la que se les viene encima y sus clamores aturden los oídos del Gran Rectificador. "No está en los planes del Gobierno retirar los crucifijos de los colegios", dijo Zapatero; entraba en sus planes, pero ya no entra. De tanto toparse con la Iglesia, el Gobierno anda confuso y desorientado, los excomulgados que votaron a favor de la reforma del aborto forman colas en los confesionarios y, en contra del precepto evangélico, los asuntos de Dios y los del César se siguen enredando. Lo del Estado aconfesional es un chiste más de esa Constitución que contiene otras perlas humorísticas, como esa que reza que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna.

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, trufado de ateazos y masones, dictaminó que la presencia de símbolos religiosos en las aulas constituye "una violación de la libertad religiosa de los alumnos", una obviedad convertida en piedra de escándalo por los fundamentalistas católicos. Infelices tiempos éstos en los que hay que seguir luchando por las evidencias. En los colegios cristianos la religión es una asignatura que convierte la superstición en ciencia, Jehová le enmienda la plana a Darwin y la educación para la ciudadanía laica se muta en abominación.

Felices navidades laicas en las que sólo se celebra el fin de año, un cambio de cifra en el calendario que simboliza los deseos de desprenderse de lo viejo y la ilusión (que viene de iluso) de desembarazarse de caducas y estériles convenciones y tradiciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de diciembre de 2009