Columna
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El desdén

"Puesta la mano en la espada", dice Lope de un modo típico de hablar que se completa con la posición facial del medio desdén. Puesta la mano en la espada o... en el crucifijo, añade Juan de Mairena, que remata con su patriótico pesimismo ilustrado: "El ademán garboso nos ha perdido". Por esos misterios del lenguaje, resulta más ofensivo el medio desdén que el desdén a secas. Vivimos un momento político en que los discursos del otro se escuchan casi siempre con medio desdén. Y si hay un poco de suerte, con desdén. En el ámbito de la comunicación, también se reproduce ese estilo. Hoy en día no define tanto el ser de izquierdas o derechas, conservador o liberal, federalista o centralista, como el ser del Desdén o del Medio Desdén. Seguí el debate sobre el caso Alakrana y tuve la impresión de que los mejores discursos procedían de las minorías. El de Gaspar Llamazares fue magnífico, de la madera de Azaña, cuando habló de "africanismo". No leí nada reflejado en la prensa. Creo que tuvo la suerte de ser tratado con desdén.

Cerca de donde vivo, a un buen alcalde lo acaban de echar en una operación apoyada por tránsfugas y el principal argumento es que era "muy ecologista". Para mayor tristeza, se lo dijeron con medio desdén. En la historia de España ha habido, grosso modo, épocas de desdén y épocas de medio desdén. Pero también las ha habido de esperanza. Es lo único que puede contrarrestar la corrosión del desdén y el medio desdén. El Estatut catalán, que otras comunidades copiaron, y que pasó todas las cautelas, incluido el cepillo jacobino de Guerra, pertenece más al campo de la esperanza que del desdén. Por eso el Partido Popular debería abandonar su medio desdén y retirar el recurso. Es lo más difícil, pero también lo más patriótico, pensando que hay una España posible al margen de tanto desdén.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 28 de noviembre de 2009.