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CARTAS AL DIRECTOR

Las advertencias de Enrique Lynch

El proceso de individuación en la modernidad, proceso que inicia sus andares allá por el siglo XVI, fue la condición de posibilidad para la aparición del feminismo, de cualquier feminismo. Sólo así se puede entender la profunda crítica que Lynch hace a un eslogan que, apartándose del concepto moderno de individuo como sujeto de iguales derechos y deberes, transita por la peligrosa senda de lo colectivo como sujeto.

Los derechos de toda mujer, aparte de aquellos mecánicamente derivados de su realidad biológica, verbigracia: atención al parto o disponer en última instancia de palabra decisoria ante el aborto, no los tiene en tanto que pertenezca al colectivo abstracto "mujer", sino en tanto que es un concreto e individualizable humano más: ni más ni menos. Tal vez Lynch equivocó los ejemplos (como bien denuncia Gallego-Díaz), pero quedarse en ello y evitar el fondo es coger el rábano por las hojas: recolectar lo insustancial y perderse lo sustantivo, a saber: "ningún ser humano

[en tanto que sujeto de derechos y deberes, añado] es más que otro ser humano". Y si no ponemos más adjetivos a esta frase de Gallego-Díaz, podremos ver que su sentido no contradice el discurso de Lynch.

Como conclusión, Lynch expone, a mi parecer, la siguiente advertencia: no lancemos a una mujer (ni las lancemos colectivamente, pues la realidad será que se enfrentarán de una en una) contra el despropósito de los muy reales "machos ignorantes y brutales" (perdonen una digresión: no olvidar que estas "bestias" han sido "gestados, amamantados, criados y formados por mujeres", como pide el autor, no hace a éstas culpables, sino que nos obliga a reflexionar sobre si esa bestialidad se verá atemperada por su gestión desde un colectivo, o será necesaria su gestión desde la totalidad: la solución no está en manos de las mujeres por ser mujeres, sino que es responsabilidad de los que componemos la sociedad interiorizar que ningún humano merece un trato denigrante, con independencia de su adscripción a cualquiera de los dos, tres, ¿cuatro? o más "géneros" -que no sexos- identificables), no las lancemos, nos dice, pues en ese tipo de batallas tienen todas las de perder, pero no por ser mujeres -pensar así sería la peor de las discriminaciones: la paternalista-, tan sólo por ser frágiles como el ser humano que son.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de noviembre de 2009