Reus y Tarragona desentierran el hacha de guerra

La disposición de AENA a cambiar el nombre del aeropuerto reabre la histórica pugna entre las dos ciudades

El nombre importa. El del aeropuerto de Reus (Baix Camp), a tres kilómetros del centro de la ciudad y a siete del núcleo urbano de Tarragona, ha abierto un nuevo frente en la vieja rivalidad entre ambas ciudades. El Ayuntamiento tarraconense insiste en que su ciudad aparezca en el rótulo del tercer aeropuerto comercial de Cataluña. El Consistorio de Reus, cuyo aeroclub creó el germen de esta infraestructura en 1935, ni quiere hablar del tema.

El rifirrafe institucional se gestó en una plácida conferencia sobre las inversiones de AENA en la provincia ofrecida la semana pasada. El presidente de la entidad, Juan Ignacio Lena, dijo que tras la ampliación del aeropuerto, en la que están invirtiendo 144 millones de euros, este organismo estudiaría cualquier cambio de nombre que se solicitara con el consenso del territorio. Cada cual lo interpretó a su manera y el asunto ha desencadenado una guerra de cartas.

La Cámara de Comercio de Tarragona y el Consistorio han remitido sendas misivas a AENA solicitando el cambio de nombre de la terminal; grupos municipales de Reus enviaron sus propias cartas para rogar a Lena que ignore los escritos enviados desde Tarragona.

Las dos ciudades ven en el sustantivo una proyección internacional irrenunciable. "Debe incluirse el sustantivo Tarragona porque es el de la provincia", alega el alcalde de la ciudad, Josep Fèlix Ballesteros. "Un cambio es inviable porque la historia de Reus está unida a su aeropuerto", añade su homónimo reusense, Lluís Miguel Pérez.

La batalla ha llegado a la calle. "Nos quieren robar el nombre", se repite con indignación en las plazas reusenses. Entre los móviles de Tarragona circulan varias campañas de SMS que solicitan rebautizar el aeropuerto. "Discutir por un nombre queda fuera de lugar y de contexto. A Tarragona no le interesó el aeropuerto antes de su crecimiento", dice Javier Mercader, presidente de una entidad cívica de Reus. "Desde Reus nunca se ha asumido que la capital de provincia es nuestra ciudad, sino la suya", replica Jorge Fernández desde su agrupación vecinal de Tarragona."Ambas localidades han tenido siempre problemas en admitir la potencia del núcleo urbano vecino", intermedia el historiador Lluís Ortiz. "Reus y Tarragona han competido por el reparto de infraestructuras y servicios desde el siglo XVIII", añade.

Entonces Reus, que llegó a ser la segunda ciudad de Cataluña, ejercía como principal foco industrial y comercial del territorio, con peso destacado en el mercado de los frutos secos, el comercio textil y los aguardientes. "Tarragona tenía el puerto pero no producía nada", resume Ortiz. En esas condiciones se forjó una competitividad incombustible. Tarragona mantenía la riqueza que aporta la capitalidad: delegaciones militares, eclesiásticas y otros funcionarios; pero Reus copaba las infraestructuras y los negocios del territorio.

La línea ferroviaria que venía de Madrid paraba en Reus y no en Tarragona. La Universidad tarraconense es una de las pocas que -al igual que el aeropuerto- omite el nombre de la provincia. La Rovira i Virgili se creó en 1991 para recuperar la extinta Universidad de Tarragona. Sólo cambió el nombre ante la presión ejercida desde Reus. "Siempre se nos ha ninguneado, pero Tarragona ya no está a la zaga de Reus. Les cuesta aceptar que ya somos importantes en comercio y riqueza", presume Fernández, presidente vecinal de Tarragona.

La nueva joya de la corona es el primer El Corte Inglés de la provincia, que se inaugurará el próximo año en Tarragona. "Arrebatar nombres es propio de una actitud imperialista para avasallar con todo", se defiende Mercader, su homólogo reusense, que recuerda que Reus albergará la futura estación intermodal que comunicará el aeropuerto con el corredor mediterráneo y la línea del AVE.

"La situación hoy parece anómala porque Tarragona también atrae industria y comercio. Reus ya no posee una supremacía clara", razona el historiador. Áreas metropolitanas al margen, y excepto Sabadell y Terrassa, no hay en Cataluña dos núcleos de potencial tan similar y distanciadas por sólo una decena de kilómetros. "Esta tensión puede ser positiva pero también genera efectos negativos", añade.

Mercader y Fernández sólo coinciden en un punto. "Ciertas cosas deben planificarse mejor". Aluden a la estación del AVE, para la que se buscó una ubicación equidistante entre Tarragona y Reus. La parada del Camp de Tarragona se halla junto a un frondoso bosque, en tierra de nadie.

El legado de la rivalidad

- Línea ferroviaria. La red se diseñó considerando Reus el enclave estratégico del territorio. Hasta mediados del siglo XX, la línea procedente de Madrid sólo tenía parada en Reus.

- Universidad. La Generalitat creó en 1991 la Universidad Rovira i Virgili. El centro recuperó la Universidad de Tarragona, extinguida en el siglo XVI, pero eligió un nombre neutro por presiones políticas.

- Estación intermodal. Reus tendrá en 2012 la estación intermodal, principal nudo de comunicaciones del territorio.

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