Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
AL CIERRE

Barcelona-Río de Janeiro

-7d92422712-7d924227120a92 Content-Disposition: form-data; name="datos[piePagina]"

Estas dos ciudades costeras, unidas por más de dos décadas de intercambios de ideas urbanas, están ahora aún más relacionadas al compartir el ser sede de los Juegos Olímpicos. Pero tras la simpatía que despierta Río, con su paisaje costero singular, de morros en la tierra y en el mar, lo que está ya pactado como urbanismo y arquitectura para los juegos es muy inquietante. La ciudad que había sido referente en los años noventa por sus programas complementarios, Río Cidade, dedicado a la mejora de la calidad del espacio público, y Favela Bairro, modélico por su manera de intervenir, llevando la ciudad a los barrios autoconstruidos, ha apostado para los juegos por un urbanismo totalmente neoliberal, algo que contradice la visión quco encabezado por Lula.

En vez de aprovechar para mejorar la estructura de lo existente, fortaleciendo el centro y remodelando el antiguo gran puerto, es decir, en vez de potenciar la ciudad que se publicitó durante la campaña previa a la elección, la villa olímpica, la villa de los periodistas y los hoteles se van a levantar en Barra de Tijuca. Intervenir en esta área, tan frágil desde el punto de vista ecológico, con lagunas y pantanos, a unos 40 kilómetros del centro de Río, en la que vive una minoría acomodada de 180.000 personas, sólo es interpretable desde la más pura especulación inmobiliaria.

Para resolver los recurrentes colapsos, en una red que pivota sobre muy pocas avenidas, túneles y viaducto, se tendrá que implementar la infraestructura viaria y apostar por el transporte público. Tal como explicó en Barcelona el urbanista Sergio Magalhaes, mucho van a tener que luchar la ciudadanía y los políticos honestos para que el pacto de intereses entre el COI y los grandes propietarios y promotores de Río no culmine en una operación depredadora y monopolista, hoy ya pasteleada y proyectada. De momento, la corriente crítica ya ha surgido en Río, defendiendo que los juegos son una oportunidad para que se beneficie toda la ciudad y no sólo cuatro poderosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de noviembre de 2009