Análisis:Cosa de dosAnálisis
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Inocentes

Ya sabemos que nuestros partidos son insaciables, que han invadido las teóricas "zonas neutrales" de la administración pública y que con ello, queriendo o no, favorecen la corrupción. Ya sabemos que en los reflujos económicos, como en las mareas bajas, afloran basuras. Ya sabemos que nuestros dirigentes son imperfectos y que a falta de ideas se mueven por intereses: véase la batalla de Caja Madrid. Ya sabemos que el dinero sucio vale lo mismo que el dinero limpio. Ya sabemos que estamos todos muy cabreados. Podríamos concluir que este país de ciudadanos honestos e inocentes ha sido secuestrado por una casta de malhechores. De hecho, ésa suele ser la conclusión: aquello del Mío Cid, qué buen vasallo si tuviera buen señor. Lo cual no arregla nada, pero reconforta. La realidad, sin embargo, tiene un problema: cuanto más de cerca se la observa, más confusa parece. Por mirar algo, miremos un municipio. Veremos a ciudadanos honestos e inocentes que se tapan la nariz y votan al alcalde corrupto, porque cada vez que trinca derrama riqueza en el pueblo. Veremos ciudadanos honestos e inocentes que lamentan la destrucción del paisaje y la especulación, pero sólo en general, porque cuando pueden especular con su terrenito concreto, especulan como el que más. Veremos ciudadanos que defraudan pequeñas cantidades al fisco o a su empresa, porque sólo está feo defraudar al por mayor. Veremos ciudadanos honestos e inocentes que viven en relativa riqueza y solían vivir en relativa pobreza, y no se explican de dónde sale tanta prosperidad colectiva. Será el "milagro español", se dicen.

¿Quieren que miremos otra cosa? Miremos la prensa. Ah, qué mal lo hacemos los periodistas: sectarismo, arrogancia, frivolidad, pereza, una traición constante a la confianza de los ciudadanos. Soy periodista, sé de qué hablo. Porque los lectores (y soy un lector, sé de qué hablo) sólo pedimos que nos diviertan con cotilleos, que nos expliquen en tres palabras el asunto más complejo, que nos demuestren que los nuestros tienen razón y que nuestra opinión es siempre la correcta. Los lectores somos también, evidentemente, ciudadanos honestos e inocentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de noviembre de 2009.