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Reportaje:

Galicola, la chispa de la lengua

Un colectivo cultural promueve el gallego con una bebida refrescante

Un día se juntaron siete amigos de entre veintimuchos y treinta y tantos años, "gente de Vigo, de Lugo, de Ourense", y decidieron salvar la lengua por la boca. Ganar adeptos a la causa por el paladar y el estómago. Y, de paso, combatir imperialismos varios, el de la Pepsi, el de la Coca-Cola, el del castellano. ¿Y si lanzamos un refresco para promover el gallego y subvencionar, con las ventas, proyectos de normalización que hoy no salen adelante porque nadie los apoya?, vinieron a decir, y un instante después nació la idea de la Galicola.

Para hacerla realidad fundaron la Asociación Cultural Fontaira, un colectivo sin ánimo de lucro, y empezaron su peregrinaje por las fábricas de refrescos que hay en Galicia hasta que toparon una dispuesta a producir la mercancía. "Todas nos proponían millones y millones de garrafas", cuenta (por supuesto en gallego) el presidente de Fontaira, Paulo Tobío. "Ninguna empresa aceptaba embotellar una cantidad pequeña, lotes de 5.000 unidades, acordes a nuestra capacidad de distribución". Pero al final, en agosto, se fueron a preguntar a una casa de Vilagarcía, Disbepo, SL, que ya fabricaba para terceros otras marcas de nombre autóctono como A Nosa y Pousada, y que no les hizo ascos a las partidas pequeñas. Uno de los miembros de la asociación diseñó unas etiquetas plenas de rayos de luz y de burbujas: "Galicola, sabor para a túa lingua". Y en Disbepo se encargaron de mandarlas a la imprenta.

Han recibido pedidos de "unos 60 bares y tiendas" de toda Galicia

"Nuestra fórmula es secreta, nunca la vamos a revelar", dicen en la fábrica

Las primeras botellas de 33 centilitros salieron de Vilagarcía a primeros de octubre. Con el fondo inicial que pusieron, los amigos alquilaron furgonetas y empezaron a distribuir en persona, por toda Galicia, la primera cola en defensa de la lengua propia. No se sabe que en el mundo haya algo semejante. Lo más parecido fue la Mecca-Cola del orbe musulmán, pero la causa por la que se luchaba era otra. "Espero que tengamos más suerte que la Mecca-Cola...", desea Tobío, "que al principio tuvo mucho éxito, pero falló en la distribución. Para nosotros también es eso lo más duro".

A pesar de ello, en menos de un mes los padres de la Galicola han acudido a varios festivales y han recibido pedidos de "unos 60 bares y tiendas". Están "en las siete ciudades y en localidades medianas y pequeñas, como Guitiriz y Allariz, Cariño y Porriño". Y eso que en muchos establecimientos es imposible penetrar porque "una de las grandes multinacionales les exige que firmen un contrato de exclusividad", comenta el presidente de Fontaira. De momento llevan 7.000 botellas distribuidas, y como se echan "todo el día en la carretera", van a empezar a tantear a distribuidores que hagan el trabajo por ellos.

El día que más vendieron, en menos de una hora, fue el 18 de octubre, en el punto de partida de la manifestación por el gallego. En el puesto que instalaron en la Alameda de Santiago despacharon "más de 700 galicolas" a un euro. Luego, la riada humana desplegó sus pancartas y marchó caminando hasta A Quintana. En el folleto que entregaban con cada Galicola proponían neologismos que ya empiezan a triunfar entre la clientela galaica: "Galimotxo", "CuGalivre", y en la asociación ya discuten otros nombres para los venideros refrescos normalizadores. "Habrá Galimón y habrá Galiranxa", promete Tobío, "y en breve esperamos lanzar la Galicola sin azúcar, y con cafeína, porque la que hay ahora no la lleva", para que la beban los niños.

Piensan cambiar las botellas de plástico por otras de cristal, "más ecológicas", pero esto será siempre que las cuentas de la asociación cultural lo permitan. Primero hay que pagar la fabricación y la distribución, y todo lo que después quede, si queda, se donará al movimiento por la lengua. Los estatutos de Fontaira, además, estipulan que, haya o no haya beneficios, el 5% de las ventas brutas irá a parar a un Fundo polo Galego, que cada año será otorgado a un proyecto normalizador original. Para eso, el colectivo ha convocado el concurso Ángelo Casal. Los equipos aspirantes deberán enviar sus ideas a info@galicola.org antes del 31 de diciembre, y al día siguiente se publicarán todas las propuestas en www.galicola.org. Luego el pueblo soberano votará, y el premio en metálico se entregará el 17 de mayo. Mientras, Fontaira seguirá montando su tenderete en cuanto evento por el gallego se tercie. Y Disbepo alentará el misterio, igual que la Coca-Cola. "Nuestra fórmula es secreta. Nunca la vamos a revelar", afirman los de Vilagarcía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de octubre de 2009