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Crítica:

Luz de otoño

En Tel Aviv el pasado sábado Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel celebraron el aniversario de un matrimonio que dura ya cuarenta años. Se habían conocido antes, en 1961, cando el director nacido en Bombay tenía solamente 25 años. De ahí viene el flechazo, de 1969 la unión de por vida. La Filarmónica de Israel visitó Madrid por primera vez -con Zubin Mehta, claro- hace 30 años. Hicieron una Quinta de Mahler de ensueño, si la memoria no me traiciona. Asistió entonces al concierto la Reina, como anteayer. La "pareja feliz" de orquesta y director ha inaugurado la temporada de Ibermúsica con esas catedrales de la arquitectura sonora que son las cuatro sinfonías de Brahms, tocadas en dos sesiones en orden cronológico. No cabía un alfiler en el Auditorio. Era de esperar. Las sinfonías de Brahms son, en cierto modo, el corazón del repertorio romántico. El público de estos conciertos siente veneración por ellas. Y también por un director como Zubin Mehta.

SINFONÍAS DE BRAHMS

Orquesta Filarmónica de Israel. Director: Zubin Mehta. Integral de las sinfonías de Brahms. Ibermúsica. Auditorio Nacional. Madrid, 26 y 27 de octubre.

La Filarmónica de Israel ya no es, evidentemente, lo que era, ni por secciones, ni globalmente. Mehta, en cualquier caso, saca de ella un gran partido a base de unas versiones serenas, sosegadas, atentas a la estructura más que al detalle, a la idea más que al estilo. Su acercamiento a Brahms desprende solidez, calma, incluso un punto de languidez por momentos. La naturalidad del enfoque es de tal calibre que lo más complicado parece sencillo. La ejecución es parsimoniosa, segura, con ráfagas aisladas de brillantez. Mehta es un director comunicativo, incluso extravertido. La identificación con la orquesta es asombrosa y él se ciñe a sus posibilidades. Las interpretaciones son tan precisas como escasamente imaginativas o arriesgadas. El oficio se impone. Y la madurez del director. El fuego y vitalidad que Mehta sacó a relucir en junio en Valencia a propósito de El anillo del Nibelungo, de Wagner, quedan en esta ocasión en un segundo plano. Brahms es otra cosa, qué duda cabe, y en el mérito del director está la adaptación a las circunstancias. Destacaron, por motivos constructivos, los movimientos finales de la Primera y Cuarta y, por motivos líricos la Tercera en su totalidad. El primer concierto estuvo dedicado a la memoria de Alicia de Larrocha, un gesto digno de aplauso.

El ciclo de orquestas y solistas de Ibermúsica ha empezado a lo grande su temporada. Mañana visita Madrid la fabulosa Orquesta de la Staatskapelle de Dresde con Herbert Blomstedt. En cuanto a la Filarmónica de Israel y Zubin Mehta se desplazan a Barcelona para interpretar en el Palau la Segunda y Cuarta sinfonías de Brahms.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de octubre de 2009