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La izquierda se prepara para repetir mandato en Uruguay

El ex guerrillero José Mujica es favorito para las presidenciales de mañana

Las estaciones de autobuses y el puerto fluvial de Montevideo rebosan de uruguayos que residen en Argentina y Brasil y que vuelven este fin de semana a su país para votar en las presidenciales de mañana. La campaña se ha centrado en ataques personales y no está claro que ningún candidato consiga la victoria en la primera vuelta. Los dos políticos que aspiran a la presidencia no pueden ser más diferentes: José Pepe Mujica, de 74 años, ex guerrillero tupamaro, y Luis Alberto Lacalle, de 64 años, que ya fue presidente a principios de los noventa y que acreditó una línea política extremadamente conservadora. Las encuestas anuncian la victoria de Mujica, pero quizás sin mayoría suficiente. Los indecisos, que, según las encuestas, no han disminuido durante la campaña, sino que han aumentado, serán clave.

Junto con las elecciones presidenciales, los uruguayos votarán en dos referendos, uno para autorizar el voto por correo de los emigrantes y otro, más polémico, para anular la Ley de Caducidad, aprobada en 1986, que impide perseguir a militares acusados de violaciones de los derechos humanos durante la dictadura sin consultar antes al Ejecutivo. Hace menos de una semana, la Corte Suprema declaró inconstitucional la norma en el caso de una joven torturada y asesinada en 1974.

Mujica representa al sector más radical del Frente Amplio y ofrece una imagen peculiar. Con un cuerpo maltratado por 14 años de cárcel en condiciones extremas, no es simplemente un ex guerrillero que aspira a gobernar, sino un político experimentado, con años de trabajo como ministro y senador. Consiguió ganar las primarias del Frente a Danilo Astori, al que después incorporó como candidato a vicepresidente. Pepe, como le conocen los uruguayos, ha intentado durante toda la campaña moderar su imagen, pero sin perder su especial relación con las capas más jóvenes de la sociedad uruguaya, entre las que es muy popular. "Yo no soy ni el Apocalipsis ni la Tierra Prometida", ironizaba hace unos días ante una asociación de directivos de marketing. "Esto es una elección, no una guerra. Pase lo que pase, el país seguirá andando".

Una de las principales bazas de Mujica es el magnífico balance que deja su predecesor, Tabaré Vázquez, que no puede volver a presentarse y que se retira con niveles de aceptación superiores al 60%, lo que le sitúa, junto al brasileño Lula y a la chilena Bachelet, en la novedosa lista de dirigentes latinoamericanos que abandonan la presidencia siendo más populares que cuando llegaron. Tabaré y su equipo han logrado que los niveles de pobreza se reduzcan (del 34 al 20%), que el paro haya pasado del 13 al 8%, que las inversiones extranjeras sean las más altas de la historia y que la economía siga creciendo, pese a la crisis.

La gran duda es si Mujica será capaz de alcanzar el 51% de los votos o si se quedará en torno al 45%, como predicen los sondeos. En ese caso, habrá una segunda vuelta a finales de noviembre.

Se prevé que Lacalle logre el 30%.

El candidato del Frente Amplio, José Mujica, en el acto de cierre de campaña en Montevideo. / efe

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de octubre de 2009