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López implica a "toda la ciudadanía" en la deslegitimación del terrorismo

Cinco de los heridos en el atentado de Ondarroa siguen de baja un año después

"Hacer conscientes a los violentos de su soledad y debilidad es una tarea de todos, una responsabilidad que empieza en cada uno de nosotros". El lehendakari, Patxi López, se mostró ayer tajante al encomendar al conjunto de la sociedad vasca la deslegitimación del terrorismo. Durante la reapertura de la comisaría de la Ertzaintza de Ondarroa, gravemente dañada en septiembre de 2008 por un coche bomba de ETA, Patxi López aprovechó para instar a la ciudadanía a "alzar la voz" contra la intimidación, para que quienes recurran a ella se sientan "más fuertes".

El lehendakari mostró también su apoyo a la policía vasca y quiso ejemplificarlo con su simbólica presencia en las renovadas instalaciones. "Con su reapertura saldamos una deuda que teníamos contraída no sólo con los vecinos de Ondarroa, sino también con nuestro propio autogobierno y con la libertad en su sentido más amplio", destacó López, quien agradeció el servicio prestado por los agentes durante el año de exilio fuera de la localidad.

El 'lehendakari' insta a la sociedad a "alzar la voz" contra los violentos

Acompañado por el consejero de Interior, Rodolfo Ares, el lehendakari quiso hacer visible su presencia en una población de apenas 9.000 habitantes que pasa por ser uno de los bastiones vizcaínos de la izquierda abertzale. No en vano, el Ayuntamiento está gobernado por una gestora desde 2007, después de que el voto nulo solicitado por la ilegalizada candidatura de ANV fuera la opción mayoritaria en las elecciones municipales. Con ese acto también se rindió "homenaje a esos once hombres y mujeres, de gran coraje, que tomaron las riendas de la localidad para atender las necesidades de sus vecinos y preservar la dignidad democrática".

Durante el discurso que ofreció antes de visitar el remozado edificio, el jefe del Ejecutivo autónomo insistió en su política de "tolerancia cero con quienes practican la violencia y la amparan". En este sentido, definió la nueva comisaría, "más moderna y segura", como una "atalaya desde la que dirigir la lucha contra el terrorismo y por la libertad en Euskadi, desde la que podremos avanzar hacia un futuro más próspero y con mayor calidad de vida". "No es más que una muestra más de normalidad cívica frente a la desestabilización que los terroristas buscan con cada uno de sus atentados", manifestó.

López recordó el atentado de Ondarroa como "un ataque a la libertad de los vascos" y lo definió como un intento de "masacre" que provocó "cuantiosos" daños materiales y un "dramático" balance de once heridos, cinco de los cuales continúan hoy de baja más de un año después. El 21 de septiembre de 2008, destacó el lehendakari, "quienes dicen luchar por Euskadi estuvieron a punto de acabar con la vida de varios ertzainas, de los cuidadores de este pueblo", lo que mostró como "una metáfora más de la sinrazón de los violentos y una muestra clara de la demencia de sus actos".

La policía vasca, aseguró López, "cuenta con el aprecio, la admiración y el apoyo del lehendakari, del Gobierno, del conjunto de las instituciones vascas y de la inmensa mayoría de la sociedad". Por ello, garantizó que su Ejecutivo va a dedicar todas las "energías" a "prestigiar a la Ertzaintza y a combatir cualquier intento de ensuciar su nombre". "No vamos a escatimar esfuerzos para que desarrolle su labor con la máxima eficacia", prometió, antes de poner como ejemplo la nueva división antiterrorista puesta en marcha en su seno, "a la que se está dotando ya de los medios materiales y humanos necesarios".

La parte del discurso que ofició en euskera no fue menos contundente. "ETA puede volver a hacernos daño, pero seguiremos firmes en el desprecio de la violencia y la muerte. Con cada ataque abriremos una nueva comisaría, ante cada coche bomba procederemos a una nueva detención", advirtió el lehendakari. "Creemos en el respeto al diferente. Es lo que nos hace moralmente superiores y lo que nos permitirá ganarles".

Un año después

El 21 de septiembre de 2008, en torno a las cuatro y media de la madrugada, ETA intentó una matanza de ertzainas en Ondarroa. Sin aviso previo, un comando formado por al menos dos terroristas colocó un Peugeot 307 familiar cargado con cien kilos de amonal ante la fachada frontal de la comisaría. En su huida, los terroristas lanzaron dos cócteles molotov como cebo para atraer a los agentes. Acto seguido se produjo la gran explosión, que causó once heridos entre policías y residentes. Una joven de 15 años tuvo que ser operada por una herida en el cráneo provocada por la metralla. La bomba causó además importantes daños materiales que inutilizaron el complejo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de octubre de 2009

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