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Miguel Sanz suelta lastre

El presidente navarro justifica su ruptura con CDN por su apoyo a la extensión del euskera - Los ex socios de coalición le acusan de intentar eliminarles

Tratar de impedir una mayor presencia institucional del euskera en Navarra o forzar la ruptura de su coalición de Gobierno. El presidente navarro, Miguel Sanz (UPN), optó la semana pasada por lo segundo y expulsó de su Ejecutivo a los dos consejeros de Convergencia de los Demócratas de Navarra (CDN), el partido que lo ha acompañado en el poder en los últimos ocho años. Es su segunda ruptura tras las autonómicas de 2007, desde las que gobierna con el apoyo tácito de los socialistas. En octubre de 2008, UPN se salió del PP tras 17 años de alianza.

Sanz lo justifica por la supuesta desobediencia de los destituidos, que se manifestaron a favor de incluir en la zona mixta euskera-castellano a cuatro municipios del cinturón de Pamplona considerados hasta ahora no vascófonos (Navarra se divide a efectos lingüísticos en tres sectores: vascófono, no vascófono y mixto) en una reforma de la Ley del Vascuence propuesta por IU.

CDN, al igual que el resto de partidos con representación en el Parlamento (PSN, NaBai e IU), considera sin embargo que las razones de Sanz no son más que excusas y que la crisis de Gobierno sólo busca quedarse con el espacio político de sus ex compañeros de coalición. "Han querido someternos, quitarnos la voz", asegura el presidente de CDN, José Andrés Burguete. "UPN se ha dado cuenta de que el PP le está comiendo terreno por su acercamiento al PSN. Además, a diferencia de la pasada legislatura, ya no damos a UPN la mayoría absoluta, así que hemos pasado a ser prescindibles", añade.

A CDN le da la razón el hecho de que, tras la fractura del Gobierno, la reforma de la Ley del Vascuence -apoyada por todos los grupos salvo UPN y basada en dos informes favorables del propio Ejecutivo- tiene todos los visos de salir adelante. "Lo del vascuence era un asunto menor para la respuesta tan desproporcionada; nuestra posición no era determinante", prosigue Burguete. Ante el ultimátum de Sanz, su partido decidió abstenerse en la votación a pesar de que había mostrado su apoyo público a la reforma. El gesto desesperado no sirvió de nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de octubre de 2009